28 de diciembre de 2016
28.12.2016
Tribuna

La idílica nueva sociedad

28.12.2016 | 05:00

Hace unos días leía un artículo en el que varios psicólogos decían que los niños, para llegar a convertirse en adultos sanos, tienen que crecer creyendo dos cosas básicas: que ellos, sin más, valen e importan y que sus padres son buenos y felices cuidándolos. Sin embargo, en la actualidad, los niños suelen crecer con la creencia de que ellos valen sólo si hacen y que sus padres tienen que cuidarlos, a toda prisa, en los huecos que les deja el trabajo. Por todo ello, apuntan los expertos, heredan una desvalorización de fondo y un sentimiento de culpa por existir, ambas inconscientes y provocadoras de ansiedad ¿Y qué hacen para compensar este malestar? Pues un sinfín de tonterías.

Porque a esta sociedad actual, tan dispersa, y absolutamente mercantil en la que vivimos, que ha puesto como prioridad el crecimiento de una economía artificial, le interesan las personas sumisas que se conforman con el consumo voraz para tapar sus carencias internas, que se consuelan con lo que transmiten los medios de comunicación y que no pueden reflexionar sobre los aspectos verdaderamente importantes de la existencia, porque no tienen tiempo para pararse y pensar en ello. Y así estresados, desbocados y perdidos, vamos corriendo sin saber para qué, inmaduros, enamorándonos de las ausencias, dependientes para siempre, yendo de pareja en pareja, en una monogamia sucesiva de insatisfacción, buscando una lealtad y una fidelidad que no somos capaces de dar ni de recibir, en el fondo, porque no creemos merecerla.

Y así, de esta manera tan extraña, vivimos en esta sociedad. Y todo porque, entre otras cosas, nadie nos enseñó a manejar las emociones, ni a sentirlas; al contrario, nos las cortaron y reprimieron creyendo que así se calmaría el misterioso dolor interior, y como adultos pervertidos, hemos seguido creando una sociedad decadente y cobarde que usa y abusa, mientras reprime

Por eso, si queremos que a nuestros pequeños la vida les siga pareciendo un misterio increíble que explorar, y no un problema enrevesado que solucionar, si queremos que se revelen contra la injusticia, que sean valientes y que griten su verdad, que sepan adecuarse sin venderse, que sean responsables de sí mismos, que aprendan a amarse y a valorarse, si queremos todo eso, tenemos que enseñarles desde recién nacidos, que son valiosos, que importan, y mucho y que esa nueva sociedad los cuidará y protegerá, respetando su libertad y derechos humanos innatos.

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