23 de febrero de 2017
23.02.2017
Tribuna

¿Debe entrar?

23.02.2017 | 05:00

La pregunta se despejará tras la vista de medidas cautelares solicitada por el fiscal Horrach. Él lo tiene claro. Ya había avisado de que, si Urdangarin era condenado a más de seis años, solicitaría que entrase en el trullo. Sus motivos son impecables: seis años ya es una pena como para que a uno se le pase por la cabeza poner tierra de por medio. Se trata, además, de delitos de corrupción, especialmente insoportables para la opinión pública. La tan traída alarma social. Ya hay quien se regodea especulando con sus vis a vis entre rejas, o el escaso peculio del que podrá disponer, cien euros. Y también con lo que tendrá que esperar para tener su primer permiso: año y medio, un cuarto de su pena.

Pero lo cierto es que no hay un criterio. Los abogados expertos en derecho penitenciario creen que sería un exceso mandarlo a la cárcel. En primer lugar, la condena no es firme. Urdangarin recurrirá ante el Supremo y el fallo podría variar. Lo lógico, dice el abogado Francisco Miranda –letrado de José Emilio Suárez Trashorras o Maite Zaldívar, entre otros–, es esperar dos años a que el alto tribunal decida. Urdangarin ha cumplido siempre con las medidas cautelares que se le impusieron, y no hay razón alguna para creer que empiece a incumplirlas ahora. Y en tercer lugar, ¿cabe en alguna cabeza que el marido de una Infanta de España pueda darse a la fuga para eludir a la Justicia? Menudo escándalo.

Es verdad que se está enviando a la cárcel a los condenados por corrupción incluso con penas inferiores a dos años. Por el rechazo social, aunque en otros casos, como el de Isabel Pantoja, por no pagar las responsabilidades civiles. Pero esto solo se ha producido cuando la sentencia era firme. O cuando hay otras condenas en ciernes. María Antonia Munar, la expresidenta del Parlamento balear, fue condenada a cinco años y medio y no se interesó su ingreso. Solo cuando recibió una segunda condena terminó en la cárcel. Y es que eran ya once años los que tenía acumulados, demasiados para estar en la calle.

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