27 de febrero de 2017
27.02.2017
360 grados

Los ilegales de Trump

27.02.2017 | 05:00

Asegura el ex canciller mexicano Jorge Castañeda cuando afirma que su Gobierno no tolerará que Estados Unidos expulse a México no sólo a los mexicanos ilegales, sino también a los de centroamericanos en parecida situación.

Entre los millones de latinoamericanos que cruzaron la frontera del río Grande en busca de mejor vida hay muchos procedentes de los países del istmo y el presidente Donald Trump pretende ahora devolverlos a todos a México.

Si Trump quiere deshacerse de ellos, argumenta Castañeda, deberá enviarlos directamente a los países de procedencia: ya se trate de El Salvador, Guatemala, Nicaragua u Honduras.

Son pequeños países todos ellos en los que a lo largo de siglo y medio, Washington no ha dejado de intervenir en apoyo de gobiernos despóticos o en defensa de sus propias multinacionales.

No hay más que recordar las veces que EEUU invadió Panamá, país que desgajó de Colombia, orquestó golpes de Estado como el de Guatemala contra Arbenz, apoyó a dictadores como Somoza, a los contras nicaragüenses o a los escuadrones de la muerte en El Salvador.

Las continuas intervenciones de Estados Unidos en toda la región abrieron sucesivos ciclos de violaciones masivas de los derechos humanos, de apoyos a tiranos y pérdida de soberanía de las naciones afectadas.

Los embajadores de Estados Unidos estaban en condiciones a dar órdenes a los propios jefes de Estado de esos países y, en caso de desobediencia, estaba la CIA, siempre dispuesta a orquestar un nuevo golpe de Estado.

La total desprotección de los ciudadanos de esos países, unida a la miseria por culpa de regímenes protectores de las oligarquías terratenientes, provocó sucesivas oleadas de emigración.

Millones de miserables huyeron hacia el Norte en busca de mejor vida, atravesaron México y llegaron como pudieron a Estados Unidos, donde encontraron trabajo aunque fuera casi siempre clandestino y mal pagado.

Y es ahora a todos ellos a los que ese individuo racista y despótico, que seguramente incluso ignora que buena parte de EEUU es producto de una rapiña territorial, quiere expulsar del país, jaleado por unos incondicionales que, como él, no conocen la compasión.

Es duro lo que dice Castañeda de que su país no aceptará a los expulsados por EEUU, pero tal vez ello mueva por fin a los países del istmo a abandonar su cobarde silencio y adoptar una postura común con México frente al inhumano despropósito de su vecino del Norte.

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