03 de septiembre de 2017
03.09.2017
Maldeojos

Los días contados

Están a punto de desaparecer por el sumidero de la historia de TVE, pero ahí siguen. A pesar de que los días están contados en la cúpula de TVE gracias al acuerdo al que llegaron los partidos políticos, esta banda de malhechores quiere morir matando, y por eso no es casual lo que hace

03.09.2017 | 05:00
«Cuando algo va mal, puede ir peor. Vuelve Javier Cárdenas».

Están a punto de desaparecer por el sumidero de la historia de TVE, pero ahí siguen, con la vena inflamada como una María Patiño hambrienta de sangre, ciega de rabia, contenta de seguir sirviendo hasta el último aliento al amo. Insisto, como María Patiño, que sirve al amo como también sabe hacerlo, sin fisuras, entregada, en cuerpo y alma al servicio de la mamarrachada. A pesar de que los días están contados en la cúpula de TVE gracias al acuerdo al que llegaron los partidos políticos, de PSOE a Podemos, de Ciudadanos a PP –arrastrado por la corriente de un consenso que lo iba a dejar, más, en la cuneta–, acuerdo por el que el presidente de RTVE sería de nuevo nombrado como se hacía en los tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero, es decir, por dos tercios del Congreso, o sea, por algo más que la posible mayoría absoluta del partido en el poder, acuerdo que con la llegada del PP se modificó para hacer de la radio y tele públicas una herramienta a su servicio, a pesar de que los días están contados aunque se prolongue la injuria y la abyección, y la vergüenza y el descrédito, y la caradura y la desfachatez, la cúpula de la casa quiere morir matando, y por eso no es casual lo que hace. Los días de esta banda de malhechores están contados. Aunque entre pitos y espadas, entre palmas y orejas, entre silencios y estiércol, o entre votaciones y acuerdos nos vayamos a 2018, pero el reloj está en marcha, señores, dense prisa, afanen hasta los muebles, que el culo les huele a despedida, a manipulación acorralada, a servilismo agotado. Cuando algo va mal, puede ir peor. Vuelve Javier Cárdenas. En horas.

La Tomatina


Que me aten a la cama, que me claven en los ojos alfileres para no poder cerrarlos, que me pongan una y otra vez los tan descacharrantes como insultantes discursos de Rajoy sobre cómo hay que hacer frente a la corrupción antes de que me pida mi pareja, como prueba de amor, ver juntos Hora punta. No, cariño, no encogí a los niños, se me encoje la flauta de pensar que «Cárdenas is coming», y que Hora punta seguirá emponzoñando la televisión pública con vídeos, sandeces, incienso para el jefe, y contenidos de tele añeja. Prefiero la comedia, la risa sinfín de Cuarto milenio hablando Íker Jiménez y santa Carmen Porter del misterio misterioso de la muerte de Diana de Gales que cinco minutos de la sonrisa altiva de Cárdenas, ¿casualidad? En absoluto. Este Cárdenas no ha dejado de ser el que creció en Crónicas marcianas riéndose del tarado, del que le falta un tornillo, del Carlos Jesús del momento. Una pregunta, para cerrar capítulo. ¿Si a Cárdenas se le entiende la mitad, cobra la mitad? Y otra. Si La 1 emite íntegra la intervención de Rajoy justificando lo injustificable, deja a medias a Margarita Robles, PSOE, y corta por lo sano a Pablo Iglesias y Albert Rivera dejándolos sin conexión, ¿puedo decir que a Kiko Matamoros le gustan las mujeres con pelos en el sobaco? Usted, inteligente lector, se quedará loco, o loquita de atar. Se preguntará qué tiene que ver una cosa con la otra. Y yo, diligente, le respondo con senshathesss. Hay razones de peso que el espectador medio, medio tarado, no entiende, y por eso TVE sabe lo que tiene que hacer con el pueblo. Está claro que lo que diga PSOE, Podemos y Ciudadanos sobre el PP y sus corrupciones es una bagatela comparada con una buena conexión con la Tomatina de Buñol, que fue la razón del tajo informativo –como Bran Stark, el de Juego de tronos, dice Podemos en un tuit muy elaborado, Mariano Rajoy sabe toda la verdad sobre la financiación del PP pero no quiere compartirla con el resto–. Y a otra cosa, Maricarmen.

Directora Benito

Hace casi un mes, como se anuncian las cosas gordas, los asuntos de interés, como unas elecciones al Congreso, el festival de Eurovisión, el estreno de la última de Amenábar, o el paso de un cometa que no volveremos a ver en doscientos años, se anunció como exclusiva que hace temblar el cimiento sobre el que se sujeta el puticlub de Telecinco que Rosa Benito volvía al redil, es decir, a la barra de esa cadena. Rosa Benito. Una de las más absurdas famosas creadas por la tele. Cuanto más conocía las negociaciones –juro, prometo, testifico y propago sin que nadie me esté amenazando o torturando que soy mayor de edad y consciente, y que sí, que la vuelta de esta gañana a los platós es fruto de negociaciones– más me hundía en un mar de risa y perplejidad. Este país es un cachondo y Rosa Benito su profeta. Se negocia un contrato colectivo, el parné que da una empresa a la universidad para investigar contra el cáncer, ¿pero la vuelta de Rosa Benito a la tele? ¿Quién es Rosa Benito? Vuelve la semana que viene no a Sálvame, de donde creo que salió como apestada, sino a Viva la vida, lo de Toñi Moreno, anda que también esta. Lo malo de estos esperpentos es que no sólo no remiten sino que los fieles de esta charca de purines los alimenta, tragándose los cuescos que estos personajes de cómic se tiran a la salud de una audiencia abotagada y satisfecha, crédula y atroz. Estos días, contados para una casta, son de vuelta para otros. ¿Aquí cuándo se cena, mamá?, pregunta repantigado Paquirrín a su madre. Espera, mi arma, vamos a ver un poquito a este muchacho, contesta Isabel Pantoja en una escena de sofá para anunciar la llegada inminente, el lunes, de El hormiguero. Pero vuelvo a Rosa Benito. Soy como Cuatro, que insiste en anunciar la vuelta de Dani&Flo aunque las mamandurrias de Florentino Fernández y Dani Martínez interesan tanto como una cascaruja de avellana. A ver, señores de TVE, yo que ustedes, quemándose en las brasas de sus últimas horas, no sólo cesaba a José Luis Regalado como editor de La 2 Noticias, el único informativo digno, el único que se aparta de la línea directa entre Moncloa y RTVE –¿conocen la vergüenza, el pudor?– sino que nombraba editora, directora, y la que barre el plató a Rosa, a Rosa Benito. Ya que se van del convento, se cagan dentro, canallas.

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