10 de octubre de 2017
10.10.2017
Tierra de nadie

Mala política

Las ruedas dentadas de la realidad, tan grandes, no siempre coinciden con los diminutos engranajes de la vida doméstica

10.10.2017 | 05:00

Los días políticamente convulsos se caracterizan porque en algún momento alguien tiene que ir a comprar el pan. Quien dice comprar el pan dice hacer la cama o cambiar el agua al canario. Creo que cambiar el agua al canario tiene un doble sentido, pero ahora solo me viene el de cambiarle el agua al canario. Tuve hace años uno al que no le gustaba abandonar la jaula, aunque le dejaras la puerta abierta. A veces él mismo la cerraba con el pico. La realidad, sin los límites de los barrotes, le daba vértigo. Cantaba cuando yo abría el grifo de la cocina para fregar los cacharros. Pero volvamos a lo que íbamos: a la difícil combinación entre la vida cotidiana y la política cuando la política adquiere unas dimensiones exageradas. La realidad política de estos días lo impregna todo, pero si el niño se despierta con fiebre, hay que llamar al médico. Si con fiebre y diarrea, los padres se angustian. De momento, no se le puede llevar al cole. ¿A quién se lo dejamos?

-A tus padres, que no trabajan -dice ella.

-Pero están muy mayores y se cansan –dice él.

-Pues a ver qué hacemos, yo ya he llegado tarde al despacho un par de veces este mes.

A lo mejor, en ese mismo instante, Puigdemont está haciendo unas declaraciones importantísimas, que enseguida formarán parte de la maquinaria de la realidad. Pero las ruedas dentadas de la realidad, tan grandes, no siempre coinciden con los diminutos engranajes de la vida doméstica. Mientras alguien coloca una bandera en su balcón, otro alguien está decidiendo la calidad de la madera del ataúd en el que va a incinerar a su padre.

-Este está bien. Total, lo vamos a quemar –dice él.

-Pero con mi padre dentro –dice ella.

La política debería servir para hacernos más fácil la vida cotidiana. En otras palabras, para que, cuando vamos al supermercado, en las estanterías del aceite esté el aceite y, en las de las legumbres, las legumbres. Si no podemos llevarnos a casa las lentejas, mal asunto. Mucha gente, en Cataluña, ha hecho acopio estos días de aceite y legumbres. Por miedo al desabastecimiento. Mala política, la que produce ese miedo.

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