21 de octubre de 2017
21.10.2017

La lección de Austria

21.10.2017 | 05:00

Hace unas semanas hubo elecciones en Alemania que no pude comentar porque parece que Cataluña es la prioridad. Y el domingo pasado votaron los austriacos. Son dos países parecidos y no sólo porque hablan alemán sino porque tienen un alto nivel de vida y el paro es muy bajo. Está en el entorno del 5%.

Hace unos meses tras la derrota de la ultraderecha en Holanda y el triunfo de Macron en Francia podía parecer que el populismo había sido derrotado. No es así. En Europa no ha habido ningún triunfo de ningún Trump ni se ha repetido un brexit, pero el populismo sigue vivo.

En Alemania la Afd (Alternativa por Alemania), antieuro y antiinmigración, sacó casi el 13% de los votos. Es menos de lo que se temía hace un año pero ha entrado en el parlamento por primera vez y se ha convertido en la tercera fuerza. Y ha crecido a costa de la CDU de Merkel y del SPD, que siguen siendo los dos primeros partidos y que no tienen mala imagen. Pero el voto de protesta (CDU y SPD formaban la gran coalición) ha ido al populismo. Merkel seguirá gobernando, casi seguro en coalición con liberales y verdes, pero ha perdido fuerza. No es bueno para Europa, que necesita un liderazgo fuerte y europeísta en Alemania.

Mas grave es lo ocurrido en Austria, donde también gobernaba una gran coalición. Los socialistas han aguantado sus anteriores resultados –no buenos– pero los liberales de extrema derecha (con un discurso contrario a la inmigración) han pasado del 20 al 26% de los votos y han quedado a sólo un punto de los socialistas. Todo apunta a que el futuro canciller será el joven democristiano Sebastian Kurz, de sólo 31 años, que ha cambiado la imagen y el programa de su partido asumiendo muchas reticencias a la inmigración, y que ha sido la primera fuerza con más del 30% de los votos. Pero algún observador dice que con el programa de Kurz, intelectualmente las elecciones las ha ganado la extrema derecha populista.

Pero no todo es tan claro y no se sabe qué coalición gobernará pues mientras Kurz es europeísta, los liberales son muy euroescépticos por lo que no se puede descartar que se repita la desgastada gran coalición que ha gobernado Austria más de cuarenta años desde el fin de la guerra mundial.

El punto común a Alemania y Austria es que, en países ricos y con poco paro, la desigualdad social –pese a que está lejos de haber desaparecido– no es la principal preocupación del electorado, ni siquiera del de izquierdas. La inmigración de Siria y otros países del Oriente Medio (un millón en Alemania y casi 200.000 en Austria en el 2015 y 2016) se ha convertido en el gran problema de muchos ciudadanos. Y a ello se une la aversión al Islam y el miedo al terrorismo.

Es algo a considerar por los socialistas, estancados o en declive electoral, como la tradicional clase trabajadora en el conjunto de la población. Junto con otro dato relevante: el electorado que les abandona no va a partidos más a la izquierda –como Die Linke en Alemania– sino al populismo de extrema derecha.

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