22 de noviembre de 2017
22.11.2017
Entre el sol y la sal

No somos todos los que están

22.11.2017 | 05:00

Sí, hola, perdona, seguro que no te acuerdas de mí. Soy el niño que jugaba contigo en la guardería, aquel rubio mocoso y atolondrado que te tiraba de las coletas cuando tú me arañabas y me robabas un juguete. Qué tal, cómo te va. Por mi parte todo tranquilo. Me casé y tengo dos hijas maravillosas, peleo con la vida todo lo que puedo y sigo en la ciudad en la que me crié. Desde aquellos días de juegos han pasado ya más de 40 años, quién nos lo iba a decir. Luego vino el colegio. Ya sabes, pandillas, novias, deporte, fiestas, todo por descubrir. Después falleció mi padre y tuve que abandonar la universidad, lo nuevo y alocado dio paso a lo obligatorio, pero sobreviví sin apartarme de mi camino, por fin tuve suerte y encontré mi vocación entre fogones.

En todo este tiempo he llevado lo que se entiende por una vida normal, intentando no hacer daño a nadie, guiado por los valores que me enseñaron y luchando para que los míos se encuentren bien. Como todos, imagino. He de confesarte que el otro día di contigo en Facebook y estuve mirando tu muro, o como se llame eso. Me alegra comprobar que has triunfado y eres una mujer de auténtico éxito. Has viajado por más de medio mundo, tienes una buena vida y no dependes de nadie. Pareces celosa de tu intimidad porque casi no tienes fotos. Haces bien, a mi me pasa lo mismo, aunque veo que hay un tema que últimamente ocupa mucho tu tiempo, me refiero a eso de Pamplona, lo de La Manada. No paras de publicar y compartir cosas de ese asunto, condenando a esos animales, criticando la aportación a la causa de no sé qué informe de un detective, usando términos como justicia heteropatriarcal, micromachismo y otros que realmente no sé muy bien qué significan. De ahí pasas a usar el escándalo de Hollywood para meternos a todos en el mismo saco por acción u omisión, e insultas a quienes no opinan como tú o se atreven a hablar de presunción de inocencia y piden que se deje trabajar a la justicia, eso por no mencionar el trato que das a los hombres que simplemente no se humillan ante tu ovacionada verdad absoluta. También veo que has firmado una petición para retirar el anuncio de la lotería de Navidad por machista. Dices que la protagonista es una autómata sin capacidad de decisión que debe abandonarse al macho para solventar su problema, pero no sabes que es una mala copia de una peli ochentera llamada Mi novia es una extraterrestre, una comedia de Dan Aykroyd y Kim Basinger. O quizás sí lo sabes pero no te interesa saberlo.

Te intuyo instalada en un púlpito inculpador, excluyente y delator, te veo acusándonos a todos de alentar una sociedad que no reconozco o que por lo menos, así, como tú la generalizas, no es en la que yo me muevo. Según dices, parece que las mujeres anduviesen acojonadas por la calle ante la certeza de un inminente abuso, rodeadas de esos malditos depredadores sexuales que todos los hombres llevamos dentro, acobardadas en un mundo que las cosifica y las ningunea, que las critica por su apariencia y las valora como ganado en un mercado sexual. Según comentas, una mujer nunca tendrá una respuesta justa de los tribunales porque el sistema es machista y está empeñado en hundir cualquier atisbo de igualdad, supongo que eso incluye a las cientos de magistradas y fiscales que son tan mujeres como tú, no lo sé. Puede que tuvieras muy mala suerte y, tras esa pátina de felicidad, se esconda una juventud compartida con un novio machista que te hizo la vida imposible, que imponía su criterio en un reinado tan limitado como el largo de su brazo; o puede que fuera la obediencia a un jefe asqueroso que marcaba la línea de su poder en el ancho de tu escote o el corto de tu falda, que te obligó a ser servicial y sacrificada, callada y sumisa, tampoco lo sé.

Es muy cierto, y ahí debo darte toda la razón, que existen auténticos despojos humanos que abusan de su posición o fortaleza para doblegar y someter a una mujer, pero eso no es un hombre, es un grandísimo hijo de puta que merece el más profundo asco, la más dura condena. Hoy te escribo para rogarte que no me compares ni de lejos con semejantes alimañas, ya vayan en manada o por su cuenta. Te escribo para decirte que si pretendes que te dé la razón por el simple hecho de que seas mujer, no voy a hacerlo. Si aspiras a que me arrodille ante ti porque eres mujer, tampoco voy a hacerlo. Si deseas que acate todo lo que haces por ser mujer, ni loco voy a hacerlo. También te escribo para que sepas que no soy menos ni más que tú, así que te pido que no hagas pagar a justos por pecadores y entiendas que la inmensa mayoría siempre seremos aquel compañero de juegos de la infancia. Sin maldad, sin lascivia, sin violencia, sin odio, sin imposiciones. Sólo niños, sólo hombres.

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