12 de enero de 2018
12.01.2018
Soserías

El derecho a que te pongan en tu sitio

12.01.2018 | 05:00

Es muy probable que la verdadera culpa la tenga quien decidió militarizar el invierno y convertirlo en estado de excepción permanente. Desde entonces, desde que las nevadas son alertas rojas, pasamos frío como si pasásemos una guerra, bastante acogotados y obedeciendo a la autoridad, como si nos bombardeasen con copos. Pero, a cambio –y forma parte de la misma venta– estamos en la creencia de que, si nos metemos en un aprieto, siempre aparecerá la UME o algún helicóptero a rescatarnos. Nos lo deben por hacernos vivir en esta emergencia permanente en la que sólo toca obedecer. Nos atornillan bastante pero al menos estamos asegurados a todo riesgo. Así nos consolamos. Así nos creamos otro supuesto símbolo de nuestro bienestar: el derecho universal a ser rescatado por un Estado omnipresente.

Pero ése es un cantar que nos daría para muchas y muy provechosas filosofías. Ahora, llegados a este punto –hablemos de la mamarrachada del Angliru–, hay quien se ha creído que realmente tiene derecho a pasarse por el forro la mínima ley de la prudencia porque la caballería siempre llegará. Barra libre para hacer el idiota, que saltamos con red. Nosotros lo valemos. Nosotros lo pagamos. Si hace falta, que manden a los que salvaron al soldado Ryan. ¿No rescataron a los bancos? Pues, ea. Y no sólo eso. Dentro del supuesto derecho universal a ser rescatado, se incluye también la obligación constitucional de ser protegido y mimado como víctima del temporal: recibir el abrazo tonificante de un miembro de Protección Civil, una manta térmica, una tacita de café humeante y un final de película en los que la cámara se va alejando y aparecen nuestros protagonistas apiñados y temblones entre un mar de ambulancias, helicópteros y todoterrenos. Luego, en este remake de Viven, revelaremos cómo estuvimos a punto de comernos unos a otros una mala noche en Riosa.

Y mientras tanto, que nadie nos rechiste, que nos mimen, pues somos víctimas, patriotas caídos en este frente frío. Mientras tanto, justicia, que expedienten e investiguen a ese funcionario que, en vista de que había un grupo de niñatos ahogándose en un vaso de agua, hizo lo más razonable: decidió cantarles las cuarenta sin insultar y con bastante humor, por cierto. Les echó encima una tromba de realismo. Lástima que nadie en el Gobierno del Principado haya sabido poner las cosas en su sitio sobre la marcha y, dejándose llevar por el ruido mediático, haya abierto una investigación que siembra la sospecha de que alguien actuó negligentemente por no mimar lo suficiente a estos amundsen en playerinos. Una pena. En estas complejísimas circunstancias, para tener las cosas claras, los que manden en esa Consejería deberían acudir a esa verdad universal que un buen día escribieron los genios de El Mundo Today: «Salvado un niño de una hostia a tiempo».

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