02 de junio de 2018
02.06.2018
La chapa del sábado

Realidad mariana

El ya expresidente Rajoy viajó ayer de la realidad paralela en la que ha vivido estos años a la otra, la de verdad, la de todos

02.06.2018 | 05:00
Mariano Rajoy, el pasado jueves llegando al Congreso.

Casi puedo imaginarme a Mariano, con la maleta en una mano y el Marca bajo el brazo mientras metía la llave en la puerta de su casa de Pontevedra, ayer, levantando las persianas y abriendo las ventanas, encendiendo el router y el gas, amontonando los recibos acumulados después de tantos y tantos meses en los que la luz se la hemos estado pagando todos para echarles un vistazo más tarde... «por fin en casa», resoplaría el ya expresidente.

Fue un viernes histórico el de ayer, y no como una frase hecha, si no por que de verdad fue histórico. Por que se vivió y se sigue viviendo hoy una situación política inédita en nuestro país, y mira que en los últimos años nuestra clase política se ha empeñado en cubrir todo el espectro de esperpentos posibles. Lo de ayer nunca se había producido. Prosperó una moción de censura, sí, por primera vez en España, pero además se produjo un fenómeno paranormal: Mariano Rajoy viajó en el espacio tiempo, de una realidad de prosperidad, de bonanza económica sólo en mercados y despachos, de una peculiar manera de leer la sentencia de una trama de corrupción dentro de su partido, etc... en la que llevaba viviendo algún tiempo y despidiéndose de ella con un epitafio digno de sus legislaturas -«Ha sido un honor dejar una España mejor»- para entrar con el paso de las horas de la tarde en la realidad del resto de humanos, la que no vive ni en los mercados bursátiles ni en los ministerios, la que está plagada de personas que han tenido que sumar tres trabajos temporales distintos para poder tirar para adelante, la de los abuelos que ya dedican los domingos por la mañana para ir de manifa en vez de para pasear al sol con la satisfacción de saber que una vida de trabajo sirvió para algo... el día a día, vamos, al que hoy Mariano se incorpora. Habrá que ver de qué manera. Ayer, tras poner orden en la casa, ya casi de madrugada, tomaba posesión de la butaca del salón, intentando asumir todo el jaleo de las últimas horas, preguntando a la parienta desde cuándo la luz está tan cara y zapeando en busca de respuestas. Encontró el canal que buscaba: suena Pochetino, hoy juega Rafa Nadal y quedan apenas dos semanas para el Mundial. «Bueno, no hay mal que por bien no venga», suspiró el expresidente antes de dormirse en el sillón.

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