16 de septiembre de 2018
16.09.2018
La mirada femenina

Un verano hacia adentro

16.09.2018 | 05:00

La vuelta al colegio suele ser más traumática para algunos padres que para los propios niños. A estas alturas del verano los niños ya se han empachado suficiente de playa y de dibujos animados y tienen ganas de normalizarse y de ver a sus amigos.

Ayer en el parque, algunos padres comentaban lo mucho que habían descansado en verano; la playa, la montaña, el buceo, los viajes.

Tengo que confesar que a veces las charlas entre padres me abruman. Muchos parecen tenerlo todo tan claro y en cambio mi estado natural es el cuestionamiento constante y la duda. Me limité a sonreír. Además no quería dar la nota y explicar que mi verano había sido completamente distinto. Un verano hacia adentro.

Os lo cuento a vosotros en esta especie de lugar abstracto en el que no nos vemos las caras. Tal vez os parezca una chorrada pero yo nunca lo sabré.

Me he pasado el verano practicando yoga. Mientras mis familiares y amigos disfrutaban de cenas y viajes yo he decidido viajar hacia adentro y pasar la mayor parte del tiempo practicando esta disciplina milenaria que surgió en la India 6000 años A.C.

Para ello he dejado de fumar y de beber ocasionalmente, y he cambiado mi dieta y algunas costumbres como cenar tarde, o acostarme a las mil.

No sugiero que debáis probarlo. Reconozco que es un poco bestia. A mí me ha sentado bien pero no pretendo ser ningún modelo a seguir, ni mucho menos. Aún no he sido capaz de dejar el café pero estoy en ello. Noto que el café me pone muy nerviosa, y me desvela pero aún así me cuesta dejarlo.

He apostado por las leches vegetales, los edulcorantes naturales tipo melazas, los cereales como el mijo, la avena, la quinoa. Me he quitado la carne roja, la harina y el azúcar. Y tomo más legumbres, frutas y verduras. Substituyo la carne por seitán y tofu. Con estos cambios en tres meses he bajado siete kilos. Comiendo bastante cantidad, cuatro veces al día. Y lo más importante, he mejorado mi estado anímico y mi energía.

Sabía que en algunos aspectos los cuarenta serían la edad perfecta si con un poco de suerte lograba mantener una buena salud. Una ya no se anda con tonterías, tal vez porque ya no sientes que haya segundas oportunidades.

Así que mi verano consistió en eso, en mejorar mi salud y apostar por lo que más me gusta que en estos momentos es también lo que más necesito. Dedicar parte de mi tiempo a esta práctica que tiene como objetivo equilibrar el cuerpo físico, el psíquico y el espiritual. Puedo decir que ha sido un bonito viaje hacia adentro y que he logrado reconciliar a la guerrera, a la sabia y a la niña respirando y leyendo poesía. Dedicada a cuidar de los míos, y a recordar las distintas enseñanzas yóguicas que aprendí hace años. Y ahora, con la vuelta al cole, y con la rutina trataré de esforzarme un poco más en respirar profundo, y en no dejarme llevar por la corriente.

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