29 de noviembre de 2018
29.11.2018
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29.11.2018 | 05:00

Restan dos días de campaña para las elecciones más inciertas de las que hasta ahora hemos tenido en nuestra comunidad, Andalucía. La cita electoral del próximo domingo no es una más, aunque ningún proceso electoral es igual a otro, éste se masca en el ambiente que puede marcar el fin de la época socialista en la Junta de Andalucía.

Lo dicen las encuestas, más del sesenta por ciento de los andaluces quieren un cambio, ahí coinciden todos los análisis, en lo que no coinciden es en si el bloque de izquierdas, PSOE y Podemitas asociados, podrán sumar 55 parlamentarios pese a tener menos votos que aquellos que votarán por abrir ventanas y limpiar San Telmo. La Ley D'Hont es así de caprichosa, y en estas elecciones lo será más que nunca.

Sea cual sea el resultado ningún partido sumara lo suficiente para gobernar en solitario, PP y Ciudadanos lo tienen asumido. Quizá al PSOE le cueste más aceptar, caso de ser la opción que pueda formar gobierno, aceptar como socios a la izquierda más radical de nuestra historia democrática. No es que el socialismo no sea radicalizado, que así ha sido desde que Pedro Sánchez campa por el mundo, pero Susana Díaz hasta ahora había intentado vacunarse contra las políticas de su jefe de filas.

A partir del domingo nada será igual para PP y PSOE. Los primeros o logran formar gobierno o han de reflexionar qué han hecho o dejado de hacer para no poder derrotar al socialismo andaluz en cuarenta años. Los segundos si no forman gobierno supondrá el fin de un ciclo acompañado de la tragedia personal de cientos de personas que carnet en boca llevan ocupando puestos de gestión, o mala gestión, durante años en las instituciones andaluzas, quizás suba el paro algunas décimas en nuestra comunidad, porque son un ejército bien numeroso. Para el PSOE formar gobierno sería una victoria agridulce. Podemos no iba a ser tan complaciente con el socialismo como lo ha venido siendo Ciudadanos estos últimos años. Las políticas de izquierda radical, de autodeterminación, de ninguneo a nuestra bandera e instituciones constitucionales iban a marcar la pauta de los próximos cuatro años en Andalucía, una comunidad mal gestionada históricamente por quien ha gobernado hasta ahora, pero con un futuro menos esperanzador si quien va a manejar nuestras cuentas, inversiones y redistribuir la riqueza son los del discurso trasnochado que ya ha fracasado en Venezuela y otros países. Aún no hay nada decidido, queda partido, si bien la suerte está echada, pero las cartas no están levantadas, esperemos al domingo.

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