29 de noviembre de 2018
29.11.2018
La Mirilla

Inseguridad y falta de valor

No podemos donar nuestra vida a lo que no nos hace felices, con el acto de la ilusión damos el consentimiento a quimeras

29.11.2018 | 10:04

En determinados momentos de la vida tenemos que decidir; el conformismo es dócil se siente violentado a la hora de posicionarse. No piensa, ni mucho menos, que el tiempo es corto y la vida se agota. A la hora de tomar decisiones no debemos tener en cuenta la crítica, en definitiva, es la temperatura de la sangre ajena, pero la heroicidad se gesta con sangre propia.

Todo hombre, principalmente, debe ser valiente: sí, el valor se pulsa con el acto. A la hora de decidir sacamos a escena nuestro repertorio más infantil y si encima nos agarramos a la emotividad, sucede lo irremediable: no decidir.

Gran prueba de que sabemos decidir la tenemos en todos los actos cotidianos de la vida. En los supermercados nos manejamos con mucha destreza, desde que entramos hasta que salimos estamos decidiendo, no tenemos en cuenta si la decisión es absurda e incluso cómica; nosotros decidimos... Recuerdo el día que decidí adquirir compresas con alas, qué momentazo, en la cola, a la hora de pagar, me empecé a sentir heroína, siempre se vuela a lo alto. Pero yo, con semejantes compresas, iba a volar a lo bajo. Qué vuelo más inspirador, ¿verdad?

Creo que no pensamos que los muros más altos no están en las murallas. En definitiva, forman parte de nuestro linaje, los muros somos nosotros, sí somos así: indecisos por naturaleza. No debemos olvidar, por cierto, el origen de la inseguridad. Y advertir que es harina de un mismo costal.

El itinerario de la decisión es corto: siempre está a disposición del valor. No podemos vivir extirpando voluntades, retrasando despedidas, anhelando nuevos destinos, hundiendo barcos. No, no podemos. Nosotros constituimos la decisión, no podemos donar nuestra vida a lo que no nos hace felices, con el acto de la ilusión damos el consentimiento a quimeras y espejismos, con el acto del valor... Ay, con el acto del valor.

Lo de las compresas con alas me ha elevado. Durante tiempo he tenido al amor domado, no sé si es la satisfacción de llevar entre las piernas semejante Lockheed Martin F-16 o qué, pero le voy a dar caza. He decidido ser una completa guerrera y no retrasar más el vuelo. En lo profundo de nosotros está la tentación de lo que por falta de valor dábamos por muerto.

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