07 de diciembre de 2018
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El palique

A Málaga sabe

Toda una delicia deambular por el parque y perderse entre los puestos de Sabor a Málaga

07.12.2018 | 05:00
Una imagen de la feria Sabor a Málaga, en el Parque.

Conviene dedicarse al Sabor a Málaga. Una marca consolidada, local, de rechupete. Han abierto puestos en el Paseo del Parque, que estarán todo este puente. Es una delicia ir a probar queso, comprar aceite, catar almendras, sopesar fruta, arramblar con tortas de Algarrobo, yemas del Tajo o tortas locas. Conviene adquirir licor de café, dejarse besar por un melocotón de Periana o abandonarse a la chacina de Benaoján. Conviene apretujar castañas del valle del Genal en el bolsillo amplio del abrigo. Para llevarlas como equipaje y consumir una en un tiempo muerto, mientras se espera el autobús. O se espera el porvenir o las nubes o se espera la inspiración para escribir un haiku. Mientras se aguarda el advenimiento del almuerzo o a un cómplice que nos recoja para llevarnos de vuelta a casa. Cargado de bolsas.

Uno llega al Parque luego de una tonificante caminata, con los sentidos abiertos y va vislumbrando el trajín, el ambiente, los puestos. Hay un grupo que cata un vermú, otros se dan a la cerveza artesana. Ya saben aquello de Benjamin Franklin de que la cerveza es la prueba de que Dios nos ama y quiere que seamos felices. Los días comienzan y se afrontan mejor si sabes que van a acabar con una cerveza, dice la sabiduría popular, que es una sabiduría grande como una jarra, con la espuma de la experiencia. Hay que esquivar el gentío y dominar las ansias, brujulear, pasear, mirar y preguntar. Sabe a Málaga y a otoño, a borrachuelos y a tortas cartameñas, a vino de Ronda.

Apetece un ajoblanco y el ánimo va adquiriendo esa felicidad que dan las expectativas cuando el día medianea y es de libranza, luce el sol y no han salido cenizos al encuentro. La mar está cerca, salada y mansa, por si diera un repentino ataque de calor o melancolía; el gentío va tomando otras direcciones y Málaga se le abre a uno como una inmensa coctelera de posibilidades.

Lo ideal sería recalar en un restorán donde nos dieran pulpo a la marenga o fideos a la parte, todo como prólogo tal vez a una tarde de lecturas atinadas, a una siesta obispal o a un vespertineo canalla espoleado por los licores y la conversación. Surgen dudas pero ninguna acerca de si volver o no día otro a las expendedurías de Sabor a Málaga. Aceitunas en mi alforja.

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