13 de enero de 2019
13.01.2019
Apuntes del natural

Bandera

13.01.2019 | 05:00

El portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, Aitor Esteban, ha criticado las palabras del rey Felipe VI en defensa de la bandera contenidas en el discurso de la Pascua militar. El señor Esteban sostiene que, diga lo que diga la Constitución, no es la bandera de todos porque hay un número importante de personas que no se identifica con ella. Tiene razón en lo segundo pero no en lo primero. De forma similar, hay muchas personas que a ciencia cierta no se identifican con la bandera de Euskadi y no por eso deja de ser la de todos los ciudadanos pertenecientes a la comunidad autónoma vasca. No se le puede exigir a nadie amor a ningún símbolo ni, ya que estamos, a ninguna lengua. ¿Se habrá parado alguna vez el portavoz del PNV a pensar en la cantidad de vascos, sumando las personas que nacieron allí y que residen en ese territorio, que no sólo no hablan euskera sino que son por completo hostiles a la consideración que tiene de forma oficial dicha lengua? Pero no veo que haya nadie que llame ciegos a los del PNV y les acuse de cerrar los ojos ante la realidad de que una nada despreciable cantidad de vascos piensa de otra forma. A nadie se le va a obligar a llorar de emoción ante la bandera. Ya que estamos, a mí tampoco. De hecho, muchos de los pertenecientes a mi generación, la que vivió en su infancia la postguerra, odiábamos la bandera del aguilucho. Pero en el año 1978 se logró dar paso, mediante un amplísimo consenso, al Estado de derecho actual que incluye la bandera que tenemos ahora. ¿Tanto cuesta entenderlo? Verdad es que se trata de un asunto en apariencia trivial pero unido, en el fondo, a un pensamiento que produce alarma. Lo admitan o no el PNV y los restantes nacionalistas vascos y catalanes, son los herederos contemporáneos del carlismo que azotó en el siglo XIX la idea de una sola España. Podrán proclamarse republicanos si quieren, por más que su lema de entonces fuese el de "Dios, patria, rey". Pero resulta estúpido atribuirles una ideología izquierdista –como en el caso de Esquerra Republicana de Catalunya– o liberal y democrática –como reivindica a guisa de táctica oportunista el nacionalismo entero–. Menos mal que están comenzando a alzarse voces desde el pensamiento hoy huérfano en términos políticos de la izquierda, como las de Félix Ovejero o Fernando Savater, que ponen las cosas en su sitio. La bandera es un símbolo que utilizan todos los estados de planeta como identificación oficial. Cabe desentenderse de ella, e incluso odiarla, pero lo que no se puede hacer es formar parte de la procesión y repicar, a la vez, las campanas. La bandera de España, la antifranquista, por cierto, es la de todos y cada uno de los ciudadanos de todas y cada una de las autonomías, punto final. Representa al conjunto de los ciudadanos de la España democrática, cosa que, por cierto, es lo que dijo el monarca. Que el nuevo carlismo la ataque es un síntoma de lo que nos espera.

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