21 de febrero de 2019
21.02.2019
Desde la distancia

Ruptura toledana

El Pacto de Toledo vuelve a descarrilar, esta vez alejando la posibilidad de concertar cambios en tiempos de crecimiento económico cuando sobre el papel es más sencillo llegar a soluciones equilibradas

21.02.2019 | 05:00

El Pacto de Toledo viene de 1995, de cuando España se recuperaba de otra crisis y arreciaba como ahora la preocupación por el futuro de las pensiones públicas, entonces en déficit, igual que ahora. Agonizaba el felipismo y emergía el aznarismo en un clima de crispación política, pero los partidos fueron capaces de llegar a un acuerdo que los comprometía a sacar las pensiones de la refriega electoral y a buscar el consenso para apuntalarlas. La expansión económica de los lustros siguientes y la inmigración que la acompañó taponaron la hemorragia financiera y apagaron la inquietud ciudadana y también las urgencias políticas para reformar las pensiones, aunque algunos cambios no menores se abordaron a partir de recomendaciones consensuadas previamente en el Pacto de Toledo: la ampliación de los años de cómputo de 8 a 15 para evitar abusos (1997) o la creación del Fondo de Reserva (2003). La Gran Recesión reabrió la herida y, bajo presión de Europa, los gobiernos del PSOE y del PP acometieron cambios que rompieron el consenso. Las pensiones volvieron de lleno a la arena electoral cuando el PP rechazó en 2011 apoyar la reforma socialista para elevar la edad de jubilación, aunque luego se negó a derogarla, y nadie de la oposición quiso apoyar en 2013 otra reforma de los populares, aprobada con su mayoría absoluta y centrada, por fuerza del contexto, en reducir la generosidad de las prestaciones. El Pacto de Toledo descarriló entonces y vuelve a hacerlo ahora, esta vez alejando la posibilidad de concertar cambios en tiempos de crecimiento económico, cuando sobre el papel es más sencillo llegar a soluciones equilibradas sobre el reparto de sacrificios (entre gastos e ingresos) que con el tiempo llegarán, quizá en medio de la siguiente crisis. De momento, en estos días preelectorales escucharemos a unos decir que son capaces de sujetar el Estado del bienestar bajando la mitad de los impuestos y suprimiendo la otra mitad y a otros prometer que harán que el déficit de las pensiones lo paguen entre los bancos y Amancio Ortega. No les crean.

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