08 de mayo de 2019
08.05.2019
Inventario de perplejidades

La empanada como programa

08.05.2019 | 05:00

Desde que don Manuel Fraga, junto con otros conspicuos personajes del franquismo, fundó Alianza Popular, fue interés de algunos sociólogos adivinar el porcentaje de voto de extrema derecha que se pudiera haber refugiado bajo aquellas siglas. Un porcentaje que aumentó considerablemente con la desaparición de la Fuerza Nueva que presidía el notario madrileño Blas Piñar y después con los restos de los naufragios de la UCD de Suárez y del CDS del mismo político. Con todos esos aportes se configuró una potentísima plataforma política que en sus mejores momentos, primera legislatura de Aznar y primera de Rajoy, llego a rozar los once millones de votos. Pues bien, esa fuerza se ha disuelto en tres opciones (el propio PP, Ciudadanos y Vox) y si hemos de guiarnos por el resultado de las últimas elecciones generales tendríamos que llegar a la conclusión de que el porcentaje de voto de extrema derecha nítida que habitaba en el PP se expresa en los 2.667.173 papeletas que consiguió el partido que lidera el señor Abascal. Súmase a ellas las 4.356. 023 de la formación que lidera Casado y las 4.136.600 de la de Rivera y habremos alcanzado los once millones que corresponderían a una opción del conjunto de la derecha española si hubiese concurrido unida a los comicios. Y esa es la cuenta de la vieja que hizo el dirigente gallego Núñez Feijóo en la carballeira de O Pino durante el festejo que tuvo lugar en aquel municipio coruñés para dar moral al vapuleado Casado con la promesa de una inminente recuperación de la estima ciudadana. "Hoy se ha acabado el duelo –dijo el presidente de la Xunta de Galicia–. Los diez millones de españoles que votaron al centro derecha nos están pidiendo que nos volvamos a unir".

La propuesta es complicada de llevar a la práctica porque la Historia nos enseña que una vez consolidada una opción de poder (de la clase que sea) y afirmados liderazgos y cargos, resulta tarea poco menos que imposible renunciar a ellos en beneficio de terceros que nos disputan el mismo territorio. No obstante, en el PP gallego parecen haber encontrado la fórmula de lograrlo con un regreso a las esencias fundacionales. Y lo ha expresado con una clara rotundidad el dirigente coruñés Diego Calvo. "Cuando las cosas no salen como uno quiere –dijo– hay que volver a los orígenes. El PP nació en 'carballeiras', siempre acompañado por la empanada, el pulpo y la carne a "o caldeiro". El remedio no puede ser más sencillo y nos remonta a los tiempos gloriosos en que el señor Fraga Iribarne ejercía de druida conjurando a los espíritus con ardientes "queimadas" para remate del menú milagroso que antes ya quedó descrito. Una forma de hacer política muy nutritiva, directa y eficaz como patentizaron los miles de asistentes a las romerías que organizó el PP en Monte Faro, en el Monte do Gozo y en el ferial de Silleda. Está demostrado que los mensajes programáticos, a menudo áridos y engorrosos, se asimilan mucho mejor con la barriga llena. Ah, y que el buen vino de la tierra no falte nunca. Lo que nos falta por concretar es si este menú, tan gallego, es extensible al resto del país o en cada lugar ha de servirse el plato regional favorito.

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