16 de octubre de 2020
16.10.2020
La Opinión de Málaga
El ruido y la furia

Dieta de hambre

La pandemia que viene con la pandemia, y que durará mucho más, es la del hambre

16.10.2020 | 05:00
Dieta de hambre

El hambre es, también, una epidemia, quizás la que con mayor perseverancia ha asolado a la Humanidad a lo largo de la historia. «Hambre que espera hartura no es hambre ninguna», dice el viejo refrán para enseñarnos a distinguirla del apetito, que sí es reparable. El hambre no, el hambre no espera restauración. Se tiene hambre como se tiene fiebre o dolor de estómago, irremediablemente.

La pandemia que viene con la pandemia, y que durará mucho más, es la del hambre. Lo advierte el FMI, que no suele destacarse por ofrecer buenas noticias. El coronavirus va a arrastrar a la pobreza extrema a más de 100 millones de personas en el mundo. Esto significa que seguirá matando mucho después de que le hayamos derrotado, si es que finalmente lo logramos.

Mucha gente va a pasar hambre, mucha la está pasando ya. No parece que esté cercano el momento de la recuperación económica. Más bien al contrario, estamos en plena caída y tengo la sensación de que nadie sabe exactamente dónde queda el fondo, aunque todo indica que muy, muy abajo.

Los datos del FMI alertan de que en España vamos a pasarlo peor. Sufriremos un desplome de nuestro Producto Interior Bruto de casi el trece por ciento, el mayor de las economías de los países avanzados. Se estima que la causa está en nuestra dependencia del turismo y del sector servicios, los principales perjudicados por las restricciones. Somos un país ínfimo en industria, casi todo lo hemos fiado al sol, como las cigarras, pero ese modelo de sol y playa es sostenible únicamente a condición de que la gente quiera o pueda venir. Hemos dedicado mucho esfuerzo a ser la segunda potencia turística del mundo, pero por el camino nos olvidamos de que no se deben poner todos los huevos en el mismo canasto y ahora es muy tarde para remediarlo. Debemos asumir que la miseria va a estar muy repartida, una miseria indigna que no será comparable a «la ilustre pobreza» de la que hablaba en un poema Juan Gil Albert, uno de los más elegantes poetas españoles de todas las épocas, que defendió el lujo de rebasar lo sórdido del mundo: «en la mesa unos frutos, pan, el agua,/ un aceite dorado, una sal gruesa/ (...) Mi madre dice: todo se ha gastado/ nada quedó. ¿Qué haremos? Y una nube/ como de luz me envuelve, una promesa/ de rebasar lo sórdido del mundo...». Y mientras, la paradoja de que se haya puesto de moda la dieta del ayuno intermitente, que consiste en no comer nada durante dieciséis horas. Quizás valga como entrenamiento para lo que está llegando, pero no creo que para mucho más.

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