04 de noviembre de 2020
04.11.2020
La Opinión de Málaga
Artículos de broma

Distancia entre casa y hospital

No es preciso seguir haciendo todo como si nada hasta que salga el ministro Illa, regrese el presidente Sánchez o se plante el líder autonómico que nos corresponda para imponernos normas nuevas que no lo son

04.11.2020 | 05:00
Distancia entre casa y hospital

Polaricemos, que se lleva mucho. En el polo negativo, el hospital; en el positivo, la casa. Lo más alejado que hay ahora en toda Europa de estar en el hospital es estar en casa, lo que se recuerda por si es útil para alguien. En este instante no hay un lugar que supere la previsión de barullo en las próximas semanas que los hospitales. No creo que los españoles, pese a la fama de gregarios, aspiraremos al ambiente de las plantas Covid y las UCI.

Por si, a estas alturas, todavía es necesario, recordemos que no es preciso seguir haciendo todo como si nada hasta que salga el ministro Illa, regrese el presidente Sánchez o se plante el líder autonómico que nos corresponda para imponernos normas nuevas que no lo son. Podemos hacer lo que consideremos preciso en favor de la salud propia y de la cercana y en contra de la transmisión del coronavirus.

No hace falta que dependamos del grado de cogobernanza que se le conceda a nuestra autoridad territorial en el corazón del Estado. Al coronavirus le da igual que Asturias y Melilla tengan reconocida en el Ministerio de Sanidad menos capacidad para escalar hacia el confinamiento domiciliario de la que usó el País Vasco para desescalar hacia la nueva normalidad en junio. Aquella desescalada recordó la bajada al patio en la hora del recreo de los años escolares, saltando los peldaños de dos en dos, al grito unánime y agudo de la eeeeeeeeh.

Estas dos situaciones –tan alejadas como la casa y el hospital– son un hecho sean cuales sean las diferencias legales que faciliten una situación y dificulten la otra.

Como llega un semestre que precisará verter el ánimo con ropa térmica para soportar la invernada psicológica veamos lo positivo en lo negativo: hay una generación de españoles que está aprendiendo a ser británicamente puntual metiendo la llave en la cerradura del hogar en el mismo momento que suenan las campanadas del toque de queda y puede que esa precisión suiza quede para la España poscovid en la que las casas y los hospitales volverán a estar a distancia razonable.

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