21 de noviembre de 2020
21.11.2020
La Opinión de Málaga
El contrapunto

Columnas

En La Opinión de Málaga también pude leer un artículo sobre un tema malagueño que me impresionó. Lo firmaba mi buen amigo don Rafael Esteve Secall

20.11.2020 | 22:33
Columnas

Las admiro y me encantan, ambas: las que se escriben – son mi género favorito- y las que, pétreas, se levantan con una nada incierta vocación de arquitectura eterna, buscando la dirección del cielo. Están presentes en entrañables fotos familiares. Son aquellas que con solemnidad exponemos para que las custodien las deidades domésticas. Las guardo como un pequeño tesoro. Unas fueron tomadas en el Teatro Romano de Augusta Emérita, nuestra Mérida. Otras, en Roma, ciudad de peregrinos, en la Piazza della Rotonda, con las columnas del Panteón al fondo. La tercera fue en el templo siciliano de Segesta, dórico y puro.

El pasado domingo fue un día importante para los que tenemos la buena fortuna de tener en el español y sus poderosas raíces latinas nuestro primer idioma. Celebraba don Mario Vargas Llosa, el Maestro de maestros, el treinta aniversario de su columna semanal -«Piedra de Toque»?- en el diario El País. Es don Mario un siempre muy apreciado visitante que nos honra con sus frecuentes estancias en el pueblo donde vivo, Marbella. Anoté con gratitud estas palabras del maestro, entresacadas de «Treinta años», su doblemente espléndida columna de aniversario: «Ahora, los mayores enemigos de la libertad son el populismo y la infinita corrupción». Una vez más la flecha que lanzó don Mario cruzó el aire, centelleante, clavándose en el centro de la diana.

La verdad es que esa semana fue pródiga en muy buenas lecturas. Entre ellas, las dos últimas columnas de Bagehot en The Economist. En La Opinión de Málaga también pude leer un artículo sobre un tema malagueño que me impresionó. Lo firmaba mi buen amigo don Rafael Esteve Secall, ilustre profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga. Nos conocemos desde hace muchos años. Ambos habíamos coincidido en diversos actos públicos en los que unos ciudadanos malagueños expresaron su alarma ante la salvajada urbanística y estética que representaría para su Málaga un proyecto que ellos consideraban nefasto: el de la Torre del Puerto. No se lo pierdan, si no lo han leído: «Sostenello y no enmendallo». En La Opinión de Málaga del 11.11.2020. Imprescindible.

Se encontrarán ustedes en él joyas dialécticas como éstas, dignas del Westminster de los buenos tiempos: «El avance en la tramitación actual de la petrotorre portuaria que se está llevando a cabo por el Puerto y la Gerencia de Urbanismo viene a colación de un supuesto proyecto hotelero. Demostré sobradamente en mi alegación en el trámite de información pública de hace año y medio, la evidente inviabilidad económica y financiera del mismo. Incluso sin tener en cuenta numerosas incógnitas sobre el costo del mismo, con documentadas infravaloraciones relacionadas con la cimentación que aparecían en el propio informe técnico correspondiente. Ahora se añaden los graves problemas detectados en el dique de defensa del muelle de Levante, evidentes a simple vista en el farallón aunque invisibles en los cajones sumergidos que lo sustentan, cuya importancia debería conocerse por su indudable trascendencia».

A continuación se hace el profesor Esteve las siguientes consideraciones y preguntas: «Y el rascacielos hotelero se proyecta levantar mar adentro, a veinticuatro metros de separación de esos cajones cuyos daños se desconocen. ¿Estamos locos? ¿No hay nadie que ponga fin a este disparate? ¿Tan ciega es la codicia? ¿Tan soberbia la administración?».

Gracias, profesor. Por sus preguntas. Sobre todo porque nos permiten que todavía podamos seguir aspirando a las bendiciones del pensamiento libre e inteligente, del honor y la decencia. Todas ellas son especies en grave peligro de extinción. Dentro de lo malo, es de justicia reconocer que por el momento incluso parece que ni la Covid-19, ni los que nos gobiernan, ni las patrullas de algún descerebrado amanecer, han conseguido narcotizarnos del todo. Dios sea loado.

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