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La Opinión de Málaga

José María de Loma

Notas de domingo

Jose María de Loma

Besuqueos al amanecer

Bañistas al sol en la playa de La Malagueta. | ÁLEX ZEA

Lunes. Edamame, almendras y Coca Cola. Listo para ver la gran cita. El debate de Canal Sur ha sido el momentazo de la campaña. Más vivo y alegre, más entretenido, o menos aburrido y con momentos cumbre como cuando Teresa Rodríguez dijo lo de 'Iberdrolona'. Tampoco estuvo mal lo de las torrijas de Juan Marín, ya el simpático oficial de la campaña. Los memes sobre el asunto no pararon. Y gazpachuelo, ¿sabrá Olona hacer gazpachuelo? ¿Lo habrá probado?, ¿se habrá comido alguna vez una Loca?¿Habrá probado el chivo con papas? El debate me da hambre. En la tertulia posterior Ignacio Camacho lanza varias hipótesis interesantes. De madrugada, vuelvo a ver las imágenes, sin voz, de la llegada de los candidatos al debate. Observo el lenguaje gestual. Y pienso en lo fugaz de los afanes. Y en los afanes mismos. No es que dentro de treinta años todos calvos. Es que cuando lean esto, domingo 19, en cuanto den las diez u once de la noche, ya para ninguno (de ellos) nada será igual. Como me estoy poniendo solemne abro una bolsa de patatas fritas. En la bolsa pone que son cien por cien andaluzas.

Martes. Torremolinos de mi alma. Esa alegría de los (ya) veraneantes; esa punzada de nostalgia mirando a Playamar. El chiringuito Los Manueles ha crecido tanto que cualquier día llega a Málaga. Aquí saludé el otro día a Paco Cuenca, alcalde de Granada. Hacía años que no probaba el vino rosado. Boquerones de primera, claro. Magnífica ensalada. Me equivoco al pedir mejillones al vapor, un vicio ya, porque están chuchurríos y son minúsculos. Mi hijo pide rosada frita y yo me acuerdo cuando no lejos de aquí también la pedía en los mediodía de esos largos domingos de verano infantiles y playeros. Después de trabajar me entrego a 'Una paella para Charles Chaplin', novela de Alfonso Vázquez. No paro de reír con esa escena en la que los españolitos Jardiel, Neville, Tono, etc. están de jarana en una mansión con los hermanos Marx, el propio Chaplin y un jovencísimo Hitchcok. Algún día escribiré un ensayo que se titule Las ventajas de cenar una manzana.

Miércoles. Tertulia en Canal Sur Radio con Ana Cabanillas, de El Periódico de España y Alberto Reyes, de ABC. Al final, Reyes, como suele, recita una copla muy oportuna y Jesús Vigorra nos pide un pronóstico en forma de adjudicación de escaños para las tres primeras fuerzas. Le doy luego vueltas todo el día a mi pronóstico. No lo voy a repetir aquí por si acaso. Por si acaso se acaba el mundo me surge la idea de premiarme con un bocadillo de jamón. Al bajar del estudio me encuentro con Josele Aguilar, senador y candidato socialista en las autonómicas. Josele me abraza afable e intercambiamos algunos comentarios jocosos sobre la campaña. Lo veo en inteligente forma, con sus gafas profesorales y redondeadas como de ir a proponernos una revolución. Tropiezo luego con Nuria Rodríguez Cubero, de Ciudadanos, ajetreada, sonriente, optimista. Visito varios pueblos cada día, me dice. Solo de pensar en el ajetreo de los candidatos me fatigo y trato de recordar una frase de Umbral de hace años sobre las campañas electorales que me hizo mucha gracia. Sólo hay que pedir jamón en los sitios de confianza. Pasa como con los mejillones.

Jueves. Vicente Almenara me lleva a desayunar al Only You, que ahora es el sitio chic y céntrico para las conspiraciones. Almenara viene elegante, me habla de Chiclana y de sus proyectos como profesor y periodista. Pasa cerca el exalcalde Luis Merino. Saludo a una famosa presentadora, que fue novia de un buen amigo. Me planta tres besos. Almenara tiene libro: Testimonio de la Transición, que incluye treinta entrevistas y una crónica de la lucha entre la CIA y el KGB en la Costa del Sol. Apasionante. El resto del día inventando palíndromos. Y sin dress code claro para esa cena a la que nos han convocado en su casoplón.

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