Una familia va al cine, un sábado por la tarde, en una ciudad de provincias. Cada entrada cuesta ocho euros: es el precio mensual de la suscripción a Filmin, una plataforma de cine independiente. En la sala hay más gente de la que esperaban. Se preguntan si el ritual de ir al cine, tal y como lo hemos vivido hasta ahora, sobrevivirá al empuje de las plataformas, a la comodidad de permanecer en casa, al individualismo que proponen todos los modernos dispositivos que han hecho que el prójimo haya dejado de existir.

Desde 2006 han cerrado más de 500 salas de cine en España. La pandemia ha tenido que ver, desde luego, pero también el descenso imparable del número de espectadores. Cuenta Antonio Ortiz (Retina) que la taquilla del cine europeo ha bajado un 60% desde 2019. Y sin embargo los festivales continúan, acaban de celebrarse Venecia y San Sebastián, y la industria no se detiene. ¿Inercia?

Una encuesta reciente muestra que las plataformas de streaming ofrecen valor (un catálogo enorme a cambio de una pequeña cantidad de dinero). Esto es innegable. Pero ese valor parecen apreciarlo sobre todo en determinadas franjas de edad. Muchos matrimonios sobreviven gracias a las plataformas: cada cual ve sus series por separado, los fines de semana se consumen temporadas completas para evitar la incómoda convivencia. La república independiente de mi casa (IKEA) ha dado paso a un modelo de estado federal familiar, por no decir autonómico.

Las plataformas siguen creciendo. Hablamos de Netflix, claro, pero también de HBOmax, Disney+, Amazon Prime o Apple TV. Ya une más seguir la misma serie que vivir en el mismo edificio, comprar en la misma tienda o llevar a los niños al mismo colegio. Pero las nuevas generaciones demográficas apuestan por otros contenidos: plataformas de videojuegos como Roblox o Minecraft consiguen 6.000 millones de horas de consumo mensual de los llamados nativos digitales, apunta Ortiz.

En otros países, el sistema universitario ya está estudiando las consecuencias de todo esto. La industria del entretenimiento es decisiva en los cambios sociales, en la transmisión de ideas. ¿Convivirán el viejo teatro clásico y el futuro metaverso? Un poema de Juan Luis Panero dice: «Me dejo vivir, ya sin preguntas». El día que evitemos pensar sobre lo que nos rodea estaremos firmando nuestra propia sentencia de muerte. Eso sí, lo haremos viendo un capítulo de la última serie de moda, o enganchados a una pantalla, conectados, aislados.