Opinión | Tribuna

Suso Gallardo: una apuesta a caballo ganador

Todo presente tiene un pasado y los cinco títulos en siete finales en los últimos tres años de competición logrados por el Balonmano Costa del Sol Málaga no puede ser una excepción. Hace apenas dos semanas que se cumplían nueve años del ascenso del entonces denominado Asisa Costa del Sol a la máxima categoría, ascenso logrado quizá, en la fase más complicada que le tocaba jugar a las pupilas del entonces maestro de orquesta Diego Carrasco, pero ya por entonces las malagueñas comenzaron a escribir con letras de oro su propia historia, sin saberlo...

Aquel ascenso en Oviedo con victoria ante las anfitrionas supuso un antes y un después en el balonmano malagueño, un hito que sin la aparición de Manolo Rincón no hubiese sido posible completar jugando en la máxima categoría. Mención especial también para el trabajo siempre incansable de Carmen Morales de Setién el estar al pie del cañón y buscar apoyos aunque sea por cansancio y agotamiento al empresario o institución de turno.

Ya por aquel entonces un jovencísimo Suso Gallardo era, en términos de Star Wars, el «padawan» o aprendiz del maestro Carrasco. Y ya por entonces el propio Diego sabía del potencial de su alumno, al que en petit comité ya apuntaba que algún día sería su sucesor natural.

En el club se tenía claro, que el día que Diego decidiera echarse a un lado, Suso era el alumno aventajado y la persona perfecta para seguir tripulando el barco. Un técnico de la casa, que conoce el día a día y se empapaba diariamente del gen Carrasco.

Luego todos conocemos el que, por desgracia, sería un punto de inflexión para el club con la dolorosa e inesperada pérdida de su alma mater. Diego nos dejó demasiado pronto, pero su legado seguía intocable, no era de la forma que le hubiese gustado, pero Suso tenía que dar un paso al frente con el beneplácito de Pepa Moreno, la presidenta.

Ya en aquella etapa del club las cosas se habían hecho muy bien y el equipo cada vez pintaba mejor. Se miraba más hacia arriba en la tabla clasificatoria y menos para abajo. Aquella temporada se dio un golpe en la mesa fichando a la por entonces capitana del Atlético Guardés y jugadora excepcional Estela Doiro. La temporada prometía, pero ese verano negro obligó a cambiar de capitán, aunque no de esencia ni de gen Carrasco, que siguió vivo en el club.

Y ahí está Suso, un tipo que asumió en el momento más complicado de la historia del Balonmano Málaga Costa del Sol la responsabilidad de continuar un legado, pero que como es habitual en España, se topó con envidias y fobias sin sentido. «No lo hará bien», «ha tenido suerte», son algunas de las cosas que su pudieron leer y escuchar entonces, tras el primer título copero. Y así, título tras título, hasta poner la guinda este pasado miércoles con la consecución del título de la Liga Guerreras Iberdrola, el más importante de todos los que hay en juego.

Suso nunca tuvo nada que demostrar, porque en su club, la gente que llevaba ahí toda la vida, su familia del balonmano, sabían, igual que Diego, que apostar por Suso, era apostar a caballo ganador. Porque era apostar por los mismos valores que el artífice del proyecto, Diego Carrasco, había trasladado a Suso. Por lo que la apuesta desde dentro, no solo era la que tocaba, es que nadie dudaba que sería ganadora.

Han pasado las temporadas y han llegado los éxitos. Uno tras otro. Ahora, ya nadie, salvo un ciego, puede dudar del potencial como entrenador y preparador de un Suso Gallardo que en tan sólo tres años ha cosechado para Málaga y su deporte, nada más y nada menos que cinco títulos, cuatro nacionales y uno internacional.

Mis respetos a un tipo que ya por entonces, hace nueve años, tenía esa sonrisa, la sonrisa del jugón, el aura del que se intuye que puede lograr grandes cosas. Las que ya ha logrado y las que le quedan por venir a partir de ahora.