Literatura

El delirante infierno criminal de Jim Thompson

Casi cuarenta años después de su muerte por alcoholismo, Jim Thompson (1906-1977) sigue siendo uno de los autores con más influencia sobre la novela negra actual, tanto por su estilo innovador y vanguardista, como por los desquiciados y violentos personajes de sus historias

17.10.2015 | 05:00
Jim Thompson a finales de los 70, delante de un irónico graffiti sobre su propia existencia.

La bebida arruinó su vida pero no su pluma. O más bien la máquina de escribir de la que salieron 29 novelas, entre ellas algunos clásicos fundamentales de la novela negra como El asesino dentro de mí, Los timadores, Noche salvaje o 1.280 almas. Jim Thompson murió pobre y olvidado por culpa del alcohol. Poco antes de su fallecimiento en 1977, le predijo a su esposa: «Espera y verás. Me haré famoso unos diez años después de muerto». Su predicción se cumplió.

A finales de los ochenta, todas sus novelas volvieron a editarse en Estados Unidos y empezaron a publicarse en nuestro país en cuatro colecciones distintas de libro de bolsillo. El interés por su obra también se ha intensificado en esta última década. Mientras RBA Serie Negra ha vuelto a poner en circulación casi la mitad de sus novelas, Es Pop Ediciones publicó el año pasado Arte salvaje, una exhaustiva investigación sobre la vida y la obra de Thompson escrita por Robert Polito en 1995. Este interés editorial está justificado. De los escritores que empezaron a publicar durante la II Guerra Mundial y que se hicieron populares con sus novelas pulp (baratas y de consumo masivo) durante los cincuenta, Thompson es el que más influencia sigue teniendo entre los nuevos novelistas del género negro, tanto por su estilo innovador y vanguardista, como por los desquiciados y violentos personajes de sus novelas.

Sus historias están protagonizadas por asesinos torturados por sus fantasmas familiares y sus delirios sexuales, pero también por criminales muy inteligentes, cínicos y codiciosos. Las novelas de Jim Thompson se desarrollan en su mayoría en las zonas rurales de su infancia en Oklahoma y Nebraska, así como en los yacimientos petrolíferos de Texas en los que trabajó en su juventud. Porque todas tienen un trasfondo biográfico del que surgen sus seres más queridos y odiados, como su padre, que fue un sheriff adinerado y corrupto. O su católica, abnegada y dominante esposa Alberta, que luchó toda su vida contra las borracheras y las infidelidades del escritor sin conseguir despegarlo de la botella ni de las faldas de sus compañeras de juerga.

Muchas de sus historias están escritas en primera persona y son como el desbocado monólogo interior de alguien que está perdiendo el juicio. Las fantasmagorías de su prosa se compensan con la incorporación de experiencias reales, como sus primeros años trabajando de botones de hotel, jornalero agrícola, guardia nocturno, periodista o vendedor a domicilio. También aparecen las largas temporadas que pasó bebiendo en los campamentos de vagabundos durante los años de la Depresión, antes de poder dedicarse por completo a la literatura para malvivir entre California y Nueva York.

De su relación con los obreros y los marginados nace su compromiso político de los años treinta y una militancia comunista que le llevaría luego a ser víctima de la Caza de Brujas del senador McCarthy. También surge su obsesión por denunciar la explotación económica y la podredumbre moral de la sociedad norteamericana desde una perspectiva nihilista, sarcástica y desoladora.

Thompson publica sus tres primeras novelas en los años cuarenta sin demasiado éxito. Coincidiendo con un breve período de sobriedad, consigue escribir doce novelas entre 1952 y 1954, que le llevan a alcanzar cierta notoriedad entre los lectores de literatura pulp. También aumentan su prestigio literario y sus admiradores, como Stanley Kubrick, que le invita a colaborar en 1955 en la escritura de los guiones de Atraco Perfecto y Senderos de gloria, pero no consigue asentarse profesionalmente en Hollywood por sus estrepitosas recaídas en la bebida.

Años más tarde, sus novelas serán adaptadas al cine por prestigiosos directores como Sam Peckinpah (La huida, 1972), Alain Corneau (Serie negra, 1979), Bertrand Tavernier (1.280 almas, 1981), James Foley (Hasta la noche mi amor, 1990), Stephen Frears (Los timadores, 1994) o Michael Winterbottom ( El demonio bajo la piel, 2010). Tras su fracaso como guionista, en los sesenta se recrudecen sus problemas de salud y los agobios económicos que le han perseguido desde siempre. Sólo consigue publicar tres novelas mediocres en sus últimos años y de poco le sirve el reconocimiento que obtiene en Francia en 1970 cuando Gallimard escoge 1.280 almas para celebrar el número mil de su prestigiosa colección Série Noire. Es un escritor hundido y olvidado en el momento de su muerte. Actualmente, Thompson está considerado como el tercer escritor más importante en la historia de la novela negra, después de Dashiell Hammett y Raymond Chandler.

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