Opinión

Cómic sin disfraces, por fin

23.02.2016 | 05:00

Me gusta el cómic. Mucho. Pero jamás he ido a unas jornadas de cómic. ¿Por qué? Porque la mayoría, por no escribir la gran mayoría, parece ser una especie de Disneylandia para adultos: a lo largo y ancho de este país, cada ciudad más o menos grande destina su palacio de congresos un fin de semana al año a que señores disfrazados de Iron Man, Capitán América o Son Goku se sientan libres en su friquismo –saludable, ojo, que no tengo nada en contra–. Pero si aceptamos que las jornadas sobre, digamos, el arte del Renacimiento no deben consistir en disfrazarse de Venus de Boticelli, ¿por qué nos resistimos a ver el cómic como algo que trasciende el entretenimiento juvenil y lo nerd? Citas como la que acaba de presentar La Térmica, independientemente de sus resultados, contribuyen decisivamente a que, al menos, contemplemos el arte secuencial en su complejidad, extensión y, sí, seriedad. ¿Sabían, por ejemplo, que Harvard publicó el año pasado su primer cómic? Nada más y nada menos que una tesis sobre la importancia del pensamiento audiovisual en la educación. Eso –por si interesa: Unflattening, de Nick Sousanis– también es cómic y merece su hueco.

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