Crítica

Rústicos y payasos en el cierre de la lírica

11.04.2016 | 05:00

Cavalleria Rusticana/Pagliacci

  • Director de la OFM: Jorge Rubio. Director del Coro de Ópera de Málaga: Salvador Vázquez. Director de la Escolanía de Santa María de la Victoria: Narciso Pérez del Campo. Solistas: Tatiana Anisimova, soprano; Javier Palacios, tenor; Rodrigo Esteve, barítono; Virginia Wagner, soprano; Milagros Martín, contralto; Eduardo Sandoval, tenor; Borja Quiza, barítono y Manuel de Diego, tenor.

Cavalleria Rusticana, de P. Mascagni, y Pagliacci, de R. Leoncavallo, las habíamos escuchado en concierto y selecciones, nunca se abordaron con esfuerzos locales, algo que de por sí suma cierto valor a la propuesta de Producing Emotions con la dirección escénica de Marco Carniti.  El trabajo escénico de Carniti compensó, ampliamente, la sencillez de la puesta en escena, apenas unos pocos elementos esbozan los distintos escenarios que en el caso de Cavalleria, se diluyen obviando espacios concretos recogidos en la ópera. Mejor resultado obtuvo la propuesta para Payasos.

La dirección musical de Jorge Rubio sólo podemos calificarla de caótica y perdida. En Cavalleria renunció a cualquier color, mientras que para Pagliacci el desatino tan sólo estuvo remediado por las tablas de solistas y masa coral. Produjo inaceptables descuadres especialmente en el Regina Coelis manejando en todo momento un timbre dentro de la orquesta que basculaba entre el forte y el alarido, motivo por el cual infligiría a los intérpretes a un particular calvario. No fue su noche a pesar de contar con un elenco que hizo vibrar al coliseo malagueño desde que se alzó la ola azul del Cervantes.

Discreto, discretísimo el papel de Javier Palacios: su fría O Lola adolecía de colocación, definitivamente opaca. A pesar de contar con un instrumento resuelto la intervención en Cavalleria planteaba serias dudas. Más resuelta tanto en escena como vocalmente fue la lectura dada por la soprano Tatiana Anisimova. Su voz se desliza por el registro más agudo con precisión distinguiéndose, además, en las líneas más bajas en su tesitura de soprano dramática. La otra gran voz femenina de esta puesta en escena fue la elegante Virginia Wagner, quien haría doblete como Lola en Cavalleria y Nedda en Pagliacci. En ambas, Wagner hizo gala de una generosa proyección, algo forzada en momentos achacable al muro levantado por Rubio al frente de la OFM. Rodrigo Esteve también participó en ambos montajes, destacando especialmente en Leoncavallo.

De las dos óperas propuestas fue sin duda Pagliacci la más elaborada en conjunto. Su cuidado elenco vocal estuvo completado con la sobresaliente actuación de Manuel de Diego, el barítono Borja Quiza y la magistral lección de canto ofrecida por Eduardo Sandoval: timbre justo, voz acerada y presencia dentro de la escena.

Desigual sería también la participación del Coro de Ópera de Málaga en las dos óperas en programa. El coro que dirige Salvador Vázquez mostró problemas de entradas y descuadres en Cavalleria, algo que se difuminó en Pagliacci firmando una lectura más cercana a lo que hemos conocido a la formación. Tampoco podemos olvidar la colaboración de la escolanía que dirige Narciso Pérez del Campo, cuyos jóvenes coralistas mostrarían un gran hacer tanto vocal como en el plano interpretativo.

Mascagni y Leoncavallo despiden una Temporada Lírica que invita a la misma reflexión que desde la partida de Lorenzo Ramos padece la ópera en Málaga. Un año más la tibia apuesta por el género nos ha ofrecido una programación ampliamente superable a excepción de este último programa, que da en solitario carta de naturaleza a un eufemismo llamado Temporada Lírica. Juan Antonio Vigar, gerente del Cervantes, tiene por delante el reto de disculpar los despropósitos de su antecesora en el cargo y plantear un nuevo modelo que devuelva a la lírica malagueña a esos niveles que hemos llegado a conocer. La tarea no es simple pero cuenta con el apoyo de todos aquellos que amamos el género.

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