Ahorro

¿Dónde meto mi dinero?

La baja remuneración de los depósitos a plazo y la volatilidad en la Bolsa han puesto a los ahorradores en el brete de decidir dónde invierten su dinero

21.02.2016 | 18:39
El perfil del inversor español es muy conservador, aunque sus inversiones indican lo contrario.

La respuesta está en la capacidad que tengan de arriesgarse - A mayor peligro, más rendimiento, pero también más oportunidades de perder

­¿Qué podemos hacer con nuestros ahorros en un momento en que da miedo acercarse a la Bolsa y en que los bancos están más cerca de cobrar que de pagar a sus clientes por guardarles el dinero? Sin riesgo, desde luego, no hay muchas alternativas.

Atrás quedaron los viejos pero no tan lejanos tiempos en que la guerra por el pasivo llevó a las entidades financieras a dar rentabilidades del 3% y el 4% por depósitos a plazo fijo, uno de los productos más seguros del mercado. La bajada del tipo de interés y la estrechez de márgenes han llevado a los bancos a aplicar remuneraciones de aproximadamente el 0,3%. Es decir, casi nada.

Es cierto que la inflación negativa está permitiendo a estos ahorradores no perder poder adquisitivo –siempre que su entidad sea compasiva con las comisiones, claro está–, pero realmente se trata de una compensación tan poco atractiva que en los dos últimos años han sido muchos los que han optado por retirar sus depósitos a plazo.

Escaldados por instrumentos, como las participaciones preferentes, que causaron enormes pérdidas a tantos pequeños inversores, los ahorradores se enfrentan al dilema de qué hacer con su dinero. Opciones hay, pero cuanto más rendimiento quieran obtener, más deberán arriesgarse.

El director en Valencia de Renta 4 Banco, Juan Espinós, opina que lo primero que debe hacer el ahorrador, al que la situación actual «está forzando a convertirse» en un inversor, «es ver dónde se quiere situar como tal y, para dar ese paso, debe ser honesto consigo mismo, conocerse, saber que va a asumir riesgos y saber trasladar al gestor qué es lo que quiere». Y tener claro que, «si va a superar el umbral del sueño, se va a poner nervioso, no va a poder dormir y se va a pasar todo el día mirando la cotización de sus inversiones, mejor que siga con su depósito a plazo» o con el dinero a la vista o en cuentas corrientes, a donde ha ido a parar parte de los pasivos que los ahorradores han sacado de esos productos con fecha de caducidad.

El director de Banca de Particulares del Banco Sabadell, Albert Figueras, avisa de que la baja remuneración de los depósitos se mantendrá en los próximos años y apunta algunos productos, también ofertados por su entidad, que pueden utilizarse como sustitutivos para quien busque el riesgo cero. Por ejemplo, los llamados Cialp (Cuentas Individuales de Ahorro a Largo Plazo), que garantizan la inversión y en los que no tributa el rendimiento si se mantiene cinco años. La entidad dice que 400.000 clientes se han pasado en un año a esta fórmula que ofrece un 0,75%.

Depósitos estructurados

También están los depósitos estructurados, en los que el inversor no arriesga la inversión, aunque sí la retribución. En el caso de este banco, si dos grandes firmas como Telefónica y Total están en el plazo de trece meses por encima del valor de compra, el inversor recibe un 1,75%. Si están por debajo, un 0,20%, es decir una décima menos de lo que obtendría por un depósito a plazo.

Asimismo, están los planes de ahorro, un seguro para invertir a diez o quince años por el que se paga solo un 0,50%. Juan Espinós añade como muy seguros los fondos monetarios, que son una mezcla de bonos de corta duración y depósitos bancarios, cuyo principal problema es que la comisión por la gestión en ocasiones se come la remuneración: se ofrece de media un 0,43% y se cobra el 0,20%.

El director de Estudios de la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones Inverco, José Luis Manrique, considera que el perfil del inversor español es muy conservador. De esa forma se manifiesta este, aunque «sus inversiones no demuestran que eso sea así en la realidad», en especial desde que en 2012 empezó a caer la remuneración de los depósitos a plazo. Manrique apunta que, «en un entorno de búsqueda de rentabilidad, se observa un desplazamiento hacia los fondos de inversión» y la prueba de la menor aversión al riesgo es que «los partícipes [de esos productos] con exposición a renta variable en 2012 eran solo del 21% y ahora ya llegan al 42%».

Dice Manrique que, por el entorno, «es casi una obligación arriesgarse en busca de una rentabilidad mínima» y recuerda que en países del norte de Europa, como Suecia, las entidades financieras pagan a su banco central un 1,1% por tener allí su dinero, motivo por el cual «los bancos no tardarán en trasladar esa política a sus clientes». Por tanto, si el ahorrador codicia mejores remuneraciones no le queda otra que entrar en zona peligrosa.

Los expertos consultados coinciden en que a la hora de invertir en productos que no garanticen el retorno del dinero es esencial tener en cuenta la disponibilidad y el plazo, es decir, que nunca se debe destinar a este tipo de productos un dinero que, por ejemplo, puede hacer falta a seis meses vista. Sin esa precaución, incurrir en pérdidas es una posibilidad con visos de hacerse realidad.

Aquí conviene tener en cuenta el perfil que Juan Espinós hace del inversor de riesgo (con éxito), es decir, alguien que aprovecha oportunidades como las que ofrece actualmente el mercado bursátil porque «tiene claro que a largo plazo va a obtener los mayores retornos y además hace una buena gestión de la liquidez» en el sentido de que «entra poco a poco».

Manrique asegura que los fondos de inversión «son seguros», entre otros motivos porque «están gestionados por profesionales, con lo que las pérdidas están limitadas», si bien la inseguridad crece según el porcentaje de renta variable (acciones cotizadas en Bolsa) que contengan. En su opinión, «es la única opción con riesgo controlado, porque la otra es la Bolsa», que supone un gran peligro, sobre todo en momentos de alta volatilidad como los actuales.

El director de Estudios de Inverco afirma que en el último año la rentabilidad media de estos instrumentos se situó en el 1% tras las comisiones. Claro que hay variaciones, según sea el producto. Así, los que se nutren mayoritariamente de renta variable pueden llegar al 10%, mientras que los que incorporan apenas un 10% de estos valores bajan a cerca del 2%. Los que se quedan en el 50%, se sitúan en una horquilla de entre el 3,5% y el 4%.

Una opción alternativa son los planes de pensiones. Tienen ventajas fiscales, pero la aportación anual máxima es de 8.000 euros, lo que limita la capacidad del inversor. Su rentabilidad media alcanzó el 1,2% el año pasado.

Los expertos coinciden en que el ahorrador debe irse con mucho cuidado si le ofrecen deuda pública, porque, como explica Manrique, su rentabilidad ahora es muy baja –el 1,17% a diez años–, pero subirá cuando el Banco Central Europeo ponga fin a su actual política de compras de títulos nacionales y quien «haya invertido ahí perderá dinero porque nadie se los querrá comprar».

¿Y la Bolsa? Pues como dice el director de Banca de Particulares del Banco Sabadell, «el riesgo es total», así que el ahorrador, «si no cumple el perfil de ser conocedor del mercado, es mejor que invierta en fondos, que están en manos de los gestores y evitan tener que asumir decisiones». Este es el panorama actual. Y no va a cambiar, porque, como apunta Manrique desde Inverco, la volatilidad «ha venido para quedarse durante unos cuantos años». Abróchense los cinturones.

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