Tribuna | Opinión

Hablemos claro, hablemos de cine

El productor y cineasta malagueño Carlos Taillefer reflexiona sobre la idoneidad de la futura transformación del Festival de Málaga anunciada por La Opinión de Málaga: de Festival de Cine Español a Festival de Cine En Español

20.04.2016 | 09:11
Colas en el Cine Albéniz.

Error, inmenso error el que la dirección del actual Festival de Cine de Málaga va a cometer al querer cambiar, en un futuro inmediato, el sentido y la continuidad de lo que ha sido marca original y sello significativo de nuestro certamen.

Se veía venir. Desde hace ya unos años, la sección Territorio Latinoamericano se ha ido convirtiendo en un auténtico festival paralelo, al dotarla de un jurado independiente así como con sus premios y organización propios. En realidad, su selección a concurso es un refrito de películas procedentes de otros festivales; ya que en España se celebra un buen número de muestras especializadas en cine latinoamericano, con el agravante de que es en Andalucía donde nace, en 1974, el primer festival especializado en Cine Iberoamericano: el de Huelva. Así, el de Málaga, se puede convertir en competencia desleal de un festival hermano y pionero, que además se celebra en la misma Comunidad Autónoma.

¿Cómo se explica que Málaga desde su posición de festival rico le haga la competencia a Huelva como festival pobre y abandonado por las propias instituciones que lo hicieron pionero?

¡No, señoras y señores! Si Málaga no sabe crecer dentro de su marca y signo originarios, es decir, con el cine español, que no crezca buscando territorios que no le pertenecen. ¿Qué sentido tiene que el Festival de Cine Español de Málaga se convierta en festival de Cine ¡EN! Español, existiendo el de Huelva, en noviembre; el de Cine Latinoamericano de Cataluña, con sede en Lérida, en abril; o la sección Horizontes Latinos, en el de San Sebastián, en septiembre?

El Festival de Málaga debe crecer de acuerdo con su marca de origen, es decir, cine español, y convertirse en la cita anual de toda la industria, cosa que no lo es en la actualidad. Porque, ¿cómo se explica que tras 19 años, en la selección oficial, es decir, a concurso, columna vertebral de cualquier festival, se elijan un 40% de operas primas? ¿Y que tras 19 años, esa sección, no haya logrado concitar el interés ni mostrar el atractivo suficiente para que concursen directores consolidados de nuestra cinematografía?

¿Cómo se explica que entre la entrega de los premios Goya en febrero de 2016 y el inicio de la 19ª edición del Festival de Cine Español de Málaga, en abril de este mismo año, se hayan estrenado 15 películas españolas; e inmediatamente después del festival, en mayo, varias más, muchas de ellas excelentes y de directores de prestigio, algunos de los cuales, incluso, antiguos participantes del Festival de Málaga, y que no hayan usado el certamen como plataforma de lanzamiento de esos filmes?

Como muestra, sirva de ejemplo esta enumeración: Juana Macías (Embarazados) y Paco León (Kiki), descubiertos en Málaga; David Serrano, habitual del festival; Antonio Banderas, con Altamira; Pedro Almodovar, con Julieta, que jamás pisó Málaga; o Icíar Bollaín, que estrena El Olivo el 6 de mayo. Ninguna de estas películas ha estado presente en Málaga.

Mas no sólo es nuestro festival el que practica la competencia desleal. San Sebastián se la hace a Málaga. La crisis de identidad en los festivales parece una epidemia. Un ejemplo: el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, único en España de categoría A, junto al de cortometrajes de Bilbao, concedida por la FIAPF, Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Cine, en su última edición, la 63ª, presentó nada más y nada menos que 9 películas españolas, 6 de ellas a concurso, en su sección oficial. Jamás ocurrió algo parecido. Ni los franceses, en Cannes, se atreven a programar más de 4 películas galas a concurso –véase la próxima edición, a celebrar en mayo–; ni los italianos, en el pasado Festival de Venecia, programaron más de 4 películas de su nacionalidad.

Estoy seguro de que San Sebastián va a ser objeto de un toque de atención por parte de la FIAPF. Este festival ya perdió la categoría A durante varios años, cuando estuvo en manos abertzales, y costó bastante tiempo y esfuerzo recuperarla. Y a nuestro Festival de Málaga, ¿quién le va a llamar la atención, si no está ni pertenece a ningún organismo, asociación o grupo de expertos?

El socio o patrono privado mayoritario del Festival de Málaga es una cadena perteneciente a UTECA, Unión de Televisiones Comerciales Asociadas. Tras más de 10 años de lucha en los tribunales, se acaba de hacer pública una sentencia del Tribunal Constitucional favorable a los productores independientes al obligar a la inversión del 5% por parte de las televisiones privadas en Cine Español, al habérseles concedido una licencia por parte del Estado, con la cual ellos hacen su negocio lícito.

Pues bien, el malestar de UTECA por la sentencia ha sido palpable, como lo demuestran el manifiesto y comunicado publicados en los distintos medios de comunicación, volviendo a repetir, una vez más, esa odiosa frase de «Eso es el impuesto revolucionario que nos imponen».

¿Cómo se puede explicar ser socio de alguien que entiende que la obligatoriedad de invertir en cine español es un «impuesto revolucionario»? ¿Me lo podría explicar alguien de la organización del Festival de Cine de Málaga y encontrar un argumento con un mínimo de sentido común?

Noticias. Para ir terminando, me pregunto: ¿El Festival de Málaga, no debería estar atento a noticias o a estudios que, entiendo, serían el marco óptimo para debatir y estudiar en mesas redondas? Como éste que resumo: en la primera semana del pasado mes de marzo, se celebraron en Salamanca las Nuevas Conversaciones de Cine Español, tres jornadas de inmersión total en las que 125 personas representativas y transversales de toda la industria, nos reunimos para hablar de cine y del estado de la cuestión; jornadas en las que participé activamente –por cierto, en esos tres días, no vi a ningún representante del Festival de Cine Español de Málaga–. Allí hablamos por primera vez de ese estudio sociológico recién publicado por el Grupo de Investigación de la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense, titulado Marca e Identidad del Cine Español-Proyección nacional e internacional (1980//2015), dirigido por el catedrático Emilio C. García Fernández.

La conclusión es como la de una película de género, cercana al terror: en estos 35 años de cine español, en libertad y en democracia, se han producido 4.000 películas, 3.967 para ser exactos; de las cuales, ¿saben cuántas han llevado a más de 500.000 mil espectadores a taquilla? Respuesta: 181. 55 con Felipe González, 53 con Aznar, 54 con Zapatero y 19 con Rajoy. Por favor, que alguien me responda si puede haber alguien que ante un dato como éste quiera tirar el primer ramo de flores del triunfalismo; pues que lo tire?

Lo cierto es que el Festival de Cine de Málaga seguirá más interesado en que por su larga alfombra roja, supongo que este año llegará a la Estación Marítima, paseen, a cargo del festival, actores y actrices que no sólo no han trabajado en las películas programadas, ni siquiera lo han hecho en el cine, pero son famosos por las series de televisión.

De la cuota de pantalla hablaremos en otro momento y día. Hoy sería demasiado para un artículo de opinión.

Pues sí, señoras y señores, en la Ciudad Europea de la Cultura Málaga 2016, que nunca existió, nos disponemos a disfrutar de una nueva Edición del Festival de Cine Español de Málaga. ¡Que vivan los festivales de cine!

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