Memorias de Málaga

Cuando las jóvenes bebían Orange

Un repaso a los hábitos alcohólicos y no alcohólicos de la juventud malagueña a lo largo de la historia

20.12.2015 | 02:13
Concentración de jóvenes y control del botellón junto al auditorio municipal en 2011.

Antes de que las jóvenes se emanciparan, en los guateques que se organizaban en las viviendas de sus madres para ser vigiladas, y en las verbenas de verano que se montaban en los Baños del Carmen y en el Real de la Feria, tomaban como bebida Orange Crusch, una naranjada que dominaba el mercado de las bebidas no alcohólicas, marca que lentamente fue desapareciendo al irrumpir otra bebida similar denominada Citrania y posteriormente, y de forma arrolladora, la Coca-Cola, la Pepsi, la Fanta de naranja y limón, la Mirinda, el Agua Tónica, el bitter Kas y otras bebidas no alcohólicas.

Más recientemente, las jóvenes, incluso adolescentes, han prescindido de esas bebidas refrescantes y se han inclinado por la cerveza, el ron, el vodka, el whisky, la ginebra, unas veces mezcladas con alguna de las marcas apuntadas y otras a pelo y a morro, porque la ingieren tal y como están envasadas. Rechazan el vaso y todos a una chupetean de la botella con los amigos y amigas, y a veces, con recién conocidos en el botellón de turno. Y como están totalmente emancipadas, a las bebidas de 40 grados, unen toda clase de tabacos, porros, pastillas estimulantes y otros mejunjes elaborados en laboratorios clandestinos.

Los hombres, en aquellos guateques familiares y públicos, empezaban a tomar cup, cerveza, sangría con poco alcohol y vino de Montilla, que era el más común para tapear, pues el Jerez era, por su precio, prohibitivo para las modestias economías.

Cita en el Zaragozano

Cuando las chicas ya no estaban sujetas a la disciplina familiar y podían salir solas sin carabina que las vigilara, en Málaga se puso de moda los sábados a final de la tarde acudir a un lugar muy concurrido y céntrico: alrededor del Banco Zaragozano, en la confluencia de la calle Larios, Acera de la Marina y calle Sancha de Lara. Jóvenes de uno y otro sexo se reunían a charlar, tomar algunas cervezas, hacer amigos, divertirse de una manera honesta y sencilla sin molestar a nadie porque las tertulias eran tranquilas, sin discusiones ni peleas y sin conatos de borracheras. Aquellas citas no tienen nada que ver con lo que vino después, o sea, el botellón. Después, las tertulias o citas, pasaron a los Baños del Carmen, en torno a Marengo, un bar donde ya se podían consumir toda clase de bebidas, con el gin tonic como la más solicitada. Las concentraciones de jóvenes se hicieron multitudinarias, hasta el punto que la circulación de vehículos era complicada. Los participantes invadían los alrededores de la gasolinera apodada Sor Gasolina, porque el techado tenía cierto parecido con la toca que usaban las monjas de algunas congregaciones; tal era la multitud que se agolpaba que los coches particulares, los de la Empresa Municipal de Transportes y motoristas, se las veían y deseaban para cruzar en la zona invadida por la juventud malagueña. La masa se fue extendiendo por la carreterita o calle Bolivia. Tampoco se podía calificar aquella concentración como botellón.

Cambio de escenario

Se produjo, no se sabe por qué, un nuevo traslado. El cambio del Zaragozano por Marengo o Baños del Carmen supuso una gran transformación, porque lo que empezó a la caída de la tarde se convirtió en reunión nocturna. La hora de la cita era a partir de las doce de la noche, y al cambiarse otra vez de escenario, se retrasó más el inicio de lo que entonces empezó a denominarse botellón. El lugar elegido fue la plaza Mitjana y sus aledaños, como las calles Luis de Velázquez, Ángel y Capitán. Todo el sector se llenaba de gente joven impidiendo el paso de los residentes en la zona.

El botellón se generalizó y extendió hasta el punto de invadir las calle Álamos, Cárcer, Casapalma€ concentrándose finalmente en la plaza de la Merced, donde el botellón sentó sus reales plantas consumiendo alcohol con o sin Coca-Cola por hectólitros y generando toneladas de basuras, arrojando al suelo las botellas de plástico y vidrio vacías, los vasos de plástico, restos de hamburguesas, papeles, bolsas de plástico€ y como añadido, vomiteras.
Total, el desmadre.

Botellones a gogó

A partir del follón de la plaza de la Merced y su entorno, los amantes del botellón se congregan donde se les antoja a los participantes, y todo intento del Ayutamiento de regularizarlo choca con la actitud beligerante de los botelloneros que se reunen donde les place sin el menor pudor y respeto a la población. Cualquier rincón del Centro de la ciudad o periferia sirve para armar jaleo, emborracharse y exigir de la sanidad pública que acudan ambulancias para socorrer a los que se extralimitan en el consumo de bebidas y drogas. ¡Para eso está la Seguridad Social y gratuidad de la medicina!
Claro que lo mismo sucede con los muy machos que van a escalar montañas, esquían por pistas no autorizadas, se bañan en el mar cuando las olas superan los cuatro metros, hacen el majarón saltando de un balcón a otro, hacen el caballito en la moto€ Después, que venga la Guardia Civil del Mar, de la Nieve, de la Montaña, del Tráfico€ a socorrerlos, que para eso están, dicen. Y salvan a los valientes, mientras algunos de los rescatadores mueren por socorrerlos. En algunas comunidades autónomas hasta ¡exigen! que se vaya la Guardia Civil de su territorio.

Compra de bebidas

En los supermercados y establecimientos del ramo de la alimentación y bebidas está prohibida la venta de bebidas alcohólicas a menores, regla que todos cumplen por temor a las sanciones previstas; bueno, eso de «todos» lo entrecomillamos porque siempre hay algún indeseable que vulnera la prohibición y expende botellas de bebidas a veces de procedencias ignotas a quien las demanda, sean mayores o menores. Claro que cualquiera que tenga dieciocho años puede comprar lo que quiera y revendérsela a un adolescente.

Botellones controlados

En algunas poblaciones españolas, los ayuntamientos, incapaces de frenar la moda de los botellones, han optado por marcar las zonas donde los jóvenes puedan divertirse consumiendo alcohol sin molestar al resto de los ciudadanos. Pero no siempre lo consiguen porque los grupos son reacios a concentrarse en un lugar acotado, y en Málaga, por ejemplo, unas veces se reúnen en los lugares que hemos relacionado en párrafos anteriores, o eligen el monte Gibralfaro, Mundo Nuevo o cualquier sitio por comodidad.

Taxis más baratos

Para evitar que los botelloneros al terminar la jornada etílica retornen a sus lugares de procendencia en coche o moto y sufran las consecuencias de accidentes de tráfico, los taxis tienen unas tarifas especiales para que los usen y no corran el riesgo de romperse la crisma o la crisma de un viandante ajeno al peligro que corre los fines de semana que es cuando más siniestros se registran.

Mirando atrás sin ira

Volvemos al principio, cuando las chicas tomaban Orange Crush, en las casas particulares se organizaban guateques y bailaban gracias al gramófono o al pick-up en los casos de los más pudientes. Los discos de pizarra se repetían una y otra vez agotando las agujas y rayando las placas, como vulgarmente se conocían los discos. Casi siempre, el más experto era el encargado de ir cambiando las grabaciones porque no se habían inventado aún los microsurcos, los long-play, los CD€ Con el tiempo, al que ponía los discos se les denominaba pinchadiscos, precursores de los actuales disk-jockeys, profesionales en la elección de la música, los fundidos, el aumento de sonido hasta no sé cuántos decibelios y, al parecer, agentes financiados por los fabricantes de sonotones y otros artilugios contra la sordera porque la mitad de los asiduos a discotecas y conciertos de rock acabaran sordos como tapias.

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La gala

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