Tribunales

Los retos de las pioneras de la mediación en Málaga

Cuatro abogadas y profesionales de esta forma de resolver conflictos insisten en que es necesaria más formación y que las instituciones se impliquen en difundir la práctica en la sociedad

24.01.2016 | 09:59
Los retos de las pioneras de la mediación en Málaga

En el año 2001, la mediación era muy habitual en otros países, pero anecdótica en España. Ahora, los poderes públicos han abrazado esta práctica por la situación de sobrecarga de los juzgados, pero las profesionales insisten en la necesidad de extenderla a toda la sociedad y que no se haga únicamente en el ámbito judicial.

­El jueves, 21 de enero, se celebró el Día Europeo de la Mediación, pero esta práctica de solución de conflictos sigue teniendo asignaturas pendientes, o eso piensan cuatro mujeres pioneras en este campo: Ana Avellaneda y Nancy Fernández-Bargiela, de Amfima; Georgina Moreno Kustner, de Mediamos, e Inmaculada Jiménez Martín, de Soluciona. Básicamente, piden más exigencias formativas para quienes empiezan, principalmente abogados, y que las instituciones se impliquen en difundir la mediación entre los ciudadanos para que estos sean quienes la demanden. El reto es que no sólo se practique mediación intrajudicial, sino que se extienda a todos los sectores sociales (ayuntamientos, comunidades de vecinos, en el ámbito familiar, etcétera...).

Nancy Fernández-Bargiela recuerda que los primeros actos de difusión de la mediación se hicieron en 2001, mientras que Ana Avellaneda indica que tiempo después se presentó la Ley Andaluza de Mediación, en concreto en 2009. «Es cuando los profesionales ofrecen otras respuestas al conflicto y empieza a favorecerse esta práctica, y eso es lo que tratamos de poner encima de la mesa de las instituciones». Amfima, Soluciona y Mediamos fueron las asociaciones pioneras en la lucha por hacer que la mediación fuera una respuestas más a todo tipo de conflictos.

Inmaculada Jiménez Martín indica que un abogado le explicó que tuvo que ofrecer este servicio en su despacho porque dos clientes argentinos se lo pidieron, «es algo habitual en otros países».

Georgina Moreno señala, a su vez, que «la mediación consiste en crear un espacio de comunicación de forma que haya una escucha activa por las dos partes y puedan llegar a resolver su conflicto». Ahora, coinciden estas cuatro profesionales, las instituciones han visto la mediación como un instrumento para desatascar los juzgados. Desde hace años se practica la mediación familiar –antes del divorcio–, se ha hecho la Penal y también se ha implantado la práctica recientemente en los temas mercantiles, incluso en el área laboral. Pero estas cuatro pioneras de la mediación insisten en que esta debe salir del ámbito judicial, permaneciendo en el mismo, pero extendiéndose a todas las esferas de la sociedad, lo que implica, a su vez, que no sólo se oferte este servicio en la cartera pública, sino de forma privada, como ya se hace en muchos países. El problema es que la gente no lo conoce suficientemente y no la demanda.

«Si la gente fuera al mediador en vez de al abogado, el conflicto se resolvería bien, comprendiendo siempre que el cliente debe estar asesorado jurídicamente. Ahora se han dado unas circunstancias complicadas: los juzgados están saturados, hay crisis, se ha judicializado mucho la vida cotidiana y los juzgados acuden a la mediación como desahogo de la carga de trabajo; nosotras estaríamos encantadas de que hubiera mediación en la calle, en el barrio», dice Georgina Moreno.

En el Ayuntamiento, por ejemplo, hay mediación intergeneracional entre padres e hijos, pero también puede haberla en el ámbito educativo. Insisten en que la justicia suele dejar a la gente insatisfecha y con la sensación de que nadie les ha escuchado. La mediación propicia que los afectados hablen entre ellos y, aunque el problema no se solucione de forma inmediata, sí puede arreglarse tiempo después. Hay padres, explican, que con hijos en común no han hablado en dos o tres años.

«Cuando empezamos nosotras, no había formación, nosotras nos formamos acudiendo incluso a cursos fuera de Málaga. Ahora, hay un máster en la UMA pero ahora todo el mundo se apunta a cursos de 100 horas y ya son mediadores. Hay unos pocos formándose durante años en esto, cuando esto era una locura», dice Avellaneda, mientras que Fernández-Bargiela insiste en que tuvieron que formarse fuera incluso fuera de la provincia». En la opinión, es necesaria una mayor difusión entre la sociedad.


Ana Avellaneda
Mediadora de Amfima

Aboga por la cultura de la paz
Ana Avellaneda también es abogada y mediadora. Pertenece a la asociación Amfima y defiende como la mejor formación posible para los mediadores el máster que imparte ahora la Universidad de Málaga. Pide una implicación real de las instituciones en la mediación y por extender la cultura de la paz y del diálogo desde el colegio como vía para que la sociedad resuelva mejor sus conflictos.


N. Fernández
Mediadora de Amfima

Reflexiones sobre los retos
«Necesitamos que la mediación llegue al ciudadano, y tener mediadores formados con calidad y con experiencia. Y, sobre todo, que las instituciones apuesten por la mediación y que se conozca. Yo siempre voy a charlas de mediación y allí estamos los mismos», precisa Nancy Fernández-Bargiela. En su opinión, «se puede mediar hasta en conflictos entre padres e hijos», dice.


Georgina Moreno
Mediadora de Mediamos

Llevar la mediación a la sociedad
«Si la gente fuera al mediador en vez de al abogado, el conflicto se resolvería bien. Yo comprendo que el cliente debe estar asesorado jurídicamente, pero hay que sacar la mediación a la calle, a los barrios, a la sociedad», precisa Georgina Moreno Kustner, de Mediamos. «La gente que va a la justicia sale insatisfecha, frustrada porque la negociación se hace entre abogados, no hablan entre ellos».


I. Jiménez Martín
Mediadora de Soluciona

Aboga por una mayor formación
Esta abogada y mediadora recuerda que algunos despachos empezaron a ofertar la mediación de forma privada porque sus clientes extranjeros se lo pedían, y que es una práctica habitual en otros países. «Cuando nosotras empezamos a formarnos no había cursos», indica, y añade: «Hoy la ley pide 100 horas. hay que seguir formándose», precisa esta experta mediadora.

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