Memorias de Málaga

El primer güisqui que llegó a Málaga

El whisky que empezó a beberse en España hacia los años veinte venía sobre todo de Escocia – El primer whisky español que llegó a Málaga, en los años 50, fue DYC

17.07.2016 | 09:38
Bar del hotel Villapadierna de Benahavís.

Lamentablemente no he localizado entre mis libros, revistas y publicaciones sobre temas malagueños un documento, digamos imprescindible, para iniciar un nuevo capítulo de Memorias de Málaga, encabezamiento que yo lo rebajaría a Mis memorias de Málaga porque las cosas que recuerdo y cuento son más bien personales. Lo de «Memorias de€» se me antoja excesivo.

El documento o testimonio que no he hallado por desgracia es un anuncio de una bodega malagueña que a finales del siglo XIX o comienzo del XX elaboraba y ponía a la venta una bebida exótica en aquella época: whisky.

Desconozco si tuvo o no aceptación; me inclino por el no porque si hubiera gustado al consumidor la elaboración hubiera continuado. Debió de ser intento fallido. El whisky que empezó a beberse en España hacia los años veinte del siglo pasado venía preferentemente de Escocia, cuna de la popular bebida que hoy figura entre las más solicitadas. El whisky con soda era la combinación preferida, aunque algunos optaban por tomarlo sin añadidura alguna. Hoy se toma con agua, con cola, con hielo, solo€

Muchos de los primeros catadores de la bebida decían que el whisky «sabía a chinches», extraña comparación, salvo que el catador hubiera ingerido chinches en algún momento de su vida.

El primer whisky. Obviando la olvidada tentativa malagueña de hace un siglo, el primer whisky español, que ya podemos escribir en castellano ­–güisqui–, que llegó a Málaga es el que empezó a elaborarse en Palazuelos de Eresma, un pueblo de la provincia de Segovia. Lleva el nombre de DYC, en sus versiones de 5 y 8 años, según sus años de crianza.

Los promotores de la destilería, si no me equivoco, porque la conocí a través de una comunicación oral cuando llegaron las primeras botellas a Málaga, fueron diez socios, uno de ellos malagueño. Al ser malagueño uno de los emprendedores es la razón que me lleva a contar la historia.

Los que se aventuraron en esta arriesgada empresa estudiaron muy a fondo los pros y contras de elaborar la bebida en España. La elección del pueblo segoviano de Palazuelos no fue capricho de uno de los socios ni la vinculación de uno de ellos a la citada provincia. Se eligió el lugar porque después de analizar las aguas de muchos lugares de la geografía española, los expertos llegaron a la conclusión de que la más parecida a la de Escocia, donde se concentra la mayor producción de whisky del mundo, era la del entonces casi desconocido punto de la provincia de Segovia, que entonces andaba por el millar de habitantes.

Diez socios a diez millones. La primitiva sociedad –sigo con lo que me contaron entonces– la crearon, como he apuntado en líneas anteriores, diez señores, aportando cada uno diez millones de pesetas. Hablamos de pesetas y del año cincuenta y tantos del siglo pasado. Uno de los socios era un malagueño aunque nacido en Granada: don Juan Jiménez Lopera.

Pasados al menos cinco años desde la puesta en marcha de la destilería –1959– se empezó a embotellar el whisky DYC, que hoy se puede adquirir en cualquier establecimiento del ramo de la alimentación€ y beber en muchos establecimientos públicos porque está expuesto en las vitrinas compitiendo con los escoceses e irlandeses.

Las primeras botellas las trajo a Málaga uno de los dos socios, el señor Jiménez Lopera, y para darlo a conocer llevó un botella a la redacción del periódico Sur. Era amigo del director del diario, Francisco Sanz Cagigas. Precisamente Sanz Cagigas, que también era director de Radio Nacional de España en Málaga, en la que yo trabajaba, fue el que me contó parte de esta historia.

Sí, pero no. El whisky español empezó a extenderse por toda España con una aceptación varia; a algunos les parecía demasiado fuerte, otros decían que había una gran diferencia entre el escocés y el español, los esnobs lo rechazaban porque mola más lo extranjero€

Pocos después del lanzamiento del DYC de 5 años se presentó el de 8 años. Hoy los dos están en el mercado, y consumidores asiduos sostienen que el de 8 años no tiene nada que envidiar a los superconocidos que se sirven en los bares y restaurantes y cuyas marcas no necesitan presentación: Cutty Sark, Johnny Walker, White Label, Ballantine´s, White Horse, J.B., Red Label€

En más de un establecimiento, cuando el consumidor no especificaba la marca del whisky que deseaba, era habitual y tal vez lo siga siendo, que el camarero de turno le sirviera un DYC€ a veces dentro de una botella de una marca conocida. Es un engaño, no voy a decir generalizado, pero sí comprobado por las anécdotas que voy a relatar.

Don Nicomedes García Gómez, uno de los fundadores de DYC (en las actuales botellas figura su nombre como fundador de la marca), frecuentaba Málaga porque adquirió las bodegas Scholtz Hermanos, una de las más acreditadas de nuestra capital, con infinidad de medallas ganadas con sus vinos en certámenes y ferias internacionales. Por razones que desconozco, don Nicomedes o sus sucesores decidieron cerrarlas años después, dejando un hueco no cubierto después por ninguna bodega. Sus soleras eran realmente únicas. Don Nicomedes, que elaboraba en Segovia el anís Castellana, al comprar las bodegas malagueñas citadas, empezó a destilar su famoso anís en Málaga aunque lo de «castellana» lo mantuvo. Lo mismo que hoy sucede con la no menos famosa ginebra Larios, que ni es de Larios ni se destila en Málaga, sino en Segovia, en las destilerías DYC, que ya no son de la familia de don Nicomedes, sino de una sociedad norteamericana.

Pues bien, don Nicomedes, en compañía de varios amigos, en una de sus viajes a Málaga, se desplazó a Torremolinos, visita obligada porque entonces era unos de los puntos turísticos más demandados no solo de España sino del mundo.

Tras cenar en un restaurante, o no sé si en el mismo restaurante, después de la comida, pidió al camarero que les sirviera un whisky€ y matizó, «whisky DYC, por favor».

El servidor, muy en su papel de conocedor de los productos más selectos, le espetó: «Señor, whisky DYC no tenemos. Puedo servirle€». Y le largó la retahíla de las marcas que podía satisfacer su petición.

Don Nicomedes inquirió: ¿Es que se ha acabado el DYC? A la pregunta respondió el camarero: «Esa marca no la trabajamos». El peticionario no se amilanó y le pidió al camarero si podía hablar con el propietario o el encargado del establecimiento. A los pocos minutos acudió el propietario o encargado para atender al cliente que requería su presencia. Volvió al tema del whisky DYC, y el responsable confirmó lo dicho por el camarero: no trabajaba la marca solicitada.

Y don Nicomedes, con todo aplomo, se dirigió a la persona que acababa de negar que no trabajaba el DYC, le devolvió la respuesta con una nueva pregunta: «Entonces, ¿qué ha hecho con las diez cajas de whisky de esta marca que me compró el mes pasado?».

Punto final. El director de un hotel de la Costa del Sol me dijo un día que los ingleses que se alojaban en el hotel pedían ¡whisky DYC! Y cuando regresaban a su país se llevaban en la maleta algunas botellas de DYC. Decían que les gustaba más que el suyo porque era más fuerte, les entonaba mejor, tenía más sabor€ Afortunadamente hay gente para todo. Y prometo no volver a escribir whisky. Escribiré güisqui, en español.

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