Cartas al director

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Gigante inútil
Aún recuerdo como hace casi veinte años le preguntaba al profesor de Historia por la llamada deuda histórica y éste me respondió con una frase simple y clara: guerra de partidos. Años después, el acuerdo de la deuda histórica del Estado con Andalucía se saldó con la entrega de edificios y solares. A Málaga le toco el edificio de Correos. Nos lo dieron como si nunca hubiera estado aquí. Con un cambio de escrituras se arregla un problema de años. Para nosotros es nuestro mastodonte particular. Cerrado desde algunos años, siempre llamó mi atención y más cuando lo sobrevolaban los vencejos en verano. Ahora ahí está, esperando a que se le dé un uso. No entiendo como la Junta tiene decenas de oficinas alquiladas y no le da uso a éste que se supone es de su propiedad. ¿Qué espera? De la deuda histórica no se habla ya, no creo que ningún alumno me pregunte sobre ella a mi ahora como maestro, en cierto modo me sorprendería. El edificio de Correos seguirá en su abandono particular. Mírenlo por la noche, quizás algún día aparezca un gorila en su tejado.
José Antonio Góngora
Málaga


Cómo pagar por la cultura
Ante la ley Sinde, el Sr. ministro tiene razón en una cosa: es preciso pagar a los artistas y creadores culturales. Pero no es menos cierto que, ante la revolución de internet, deberíamos pagarlos de otra forma. Probablemente los usuarios estarían más dispuestos a pagar si el dinero fuera directamente a los creadores, y no se quedara en intermediarios corruptos como la SGAE; o si fuera el usuario, con sus descargas, quien decidiera qué artistas son más populares. ¿Y si la cultura fuera considerada un bien público como la sanidad o la investigación? ¿Y si fuera gratis para el usuario porque la pagásemos entre todos? ¿Y si quedasen registradas todas las descargas de cultura y los artistas fueran pagados por medio de un impuesto general sobre las conexiones a internet en función del número de descargas de sus creaciones? El mundo de la cultura no goza de buena salud, pero la culpa no es sólo de los internautas. Gran parte de la culpa se debe a que la difusión y promoción de la cultura está en manos de una élite corrupta. Internet puede ser el camino para una nueva gestión de la cultura más democrática y justa.
Marga Mediavilla
Málaga

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