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Inmersiones urbanas

La silla vacía

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Iñaki Pérez de la Fuente Vestimenta, mobiliario y arquitectura son objetos fundamentales, conforman junto a muchos objetos el atrezzo de nuestras vidas, destacando sobre otros por su carácter envolvente. Cuanto más directo es el contacto, mayor es su libertad de movimientos y más humana su geometría. La ropa que a veces se convierte en techo, se mueve mímicamente sobre nosotros, como un familiar lejano de la arquitectura y su cobijo fijo. La arquitectura acoge pero obliga a localizarnos y su pertenencia a un lugar acrecienta las raíces de sus moradores.

La contemplación de una silla vacía despierta siempre preguntas sobre su próximo ocupante, sobre su espera vacante, sobre su utilidad estando desocupada?Los edificios tienen, como decía la poeta cubana Dulce María Loynaz en la sostenida prosopopeya de los Últimos días de una casa, una biografía íntima en la que se suceden escenas de las vidas que animan nuestras ciudades. La existencia de realidades que no alcanzan el objetivo para el que se realizaron, causa extrañeza: una cuchara que nunca conozca una boca, una silla siempre fría, o un edificio desocupado, tan solo lleno de su propio silencio, no dejan de ser procesos truncados, faltos de utilidad, pendientes de que los esfuerzos invertidos en realizarlos alcancen su justificación.

La ciudad está llena de espacios que alcanzan sus objetivos y se trenzan de vida, y también de otros que se estancan a la espera del uso perfecto. La valiosa operación urbana del puerto, con la incorporación de los muelles uno y dos a la familia de espacios públicos, ha sabido extender el Centro Histórico hasta el mar, que por fin dejó de estar ausente en el paisaje contemporáneo de la ciudad histórica. El valor de esta intervención y del limitado espacio portuario, ha ocasionado que la construcción principal de la «esquina de oro», siga vacía, atrapada en el limbo constructivo existente entre una estructura acabada y un edificio útil, sin que se concrete el perfecto uso cultural, ignorando si lo que se fuerza con este deseo es la oferta o la demanda que lo haga viable. Hay opciones menos idóneas, como el famoso hipermercado, pero las hay aún menos, como la existencia de un espacio privilegiado lleno de nada.

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