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Vivir en borrador

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Juan Antonio Martín Da gusto ver el bullicio en las calles. Ahora son una especie de escenario en el que todo puede ocurrir. Las calles están atiborradas de miles de tipos de gentes. Entre las gentes, los tipos son muchos y variados. De personas solo hay un tipo, las personas, que cuando se hacen montón, por muy grande que éste sea, nunca disimula la esencia de cada uno de los que lo conforman. Las personas, cuando se mezclan con las gentes, se hacen notar. Es solo cuestión de tiempo. Las personas son como las gentes, pero distintas€

Estas entrañables fechas son una especie de meeting-point en el que muchas gentes se convierten en personas desentrañadas, que dan lo que tienen. En Navidad todos intentamos brillar, y casi todos lo conseguimos: Las ciudades brillan por los modernísimos LED´s, con los que nuestros alcaldes las visten. Nosotros, las gentes y las personas, brillamos, porque las fechas obligan a estar felices –que es cosa distinta de serlo–. Somos buenos, responsables y castos, aunque algunos aprovechemos las fechas para «descastarnos» los unos sobre las otras. Joder, hasta nuestros ojos se apuntan a lo del brillo, y se vidrian cuando nos juntamos con los bandidos Martin Miller´s, Jack Daniel´s, Brugal, Smirnoff, por ejemplo, que nos envuelven en sus mundos de alharacas y nos regalan su particular brillo y su puntito gracioso...

Nuestros pastores, esos que entre todos contratamos y, a la postre, terminan pastoreándonos, durante estas fechas, brillan en fotos cuyos pies cuentan historias llenas de empatía, de solidaridad, de colaboración, de entrega, de generosidad.. También brillan porque durante la Navidad dejan de lanzarse salivazos entre ellos, cosa que es de agradecer. Gracias próceres. Durante unas pocas semanas, hasta los grupos de las malas gentes, esos que más que multitud son reatas de cabronazos con pintas, lucen con el disfraz de mansos conversos. Todo brilla tanto que, por brillar, obsérvenlo, brillan hasta nuestras propias sombras –las de todos–, que en Navidad, más que nunca, no queremos ver. Pobre Jung, con el curro que se dio el hombre para hacernos entender el asunto.

Conforme avanzo lo tengo más claro. Es como si la «desjuventud» me aportara madurez, pero de la reflexionada, no de la que desgasta. Cada vez más me acerco a la seguridad –la mía– de que vivimos en borrador, en sucio, como se decía en aquellos primeros colegios de los trabajos escritos, que si no estaban llenos de tachaduras, borrones y hasta de agujeros en el papel, como consecuencia de habernos excedido al raspar para borrar, alguien deducía que los habías copiado. Yo aprendí a escribir «del tirón» por pura rebeldía, para demostrar que era posible hacerlo sin copiar. Después desaprendí, como debe ser. Ahora, de mi escritura, lo que más me gusta son mis hermosos borrones.

Pues eso, que cuando miro a mi alrededor y cuando yo soy el derredor de otros, veo cómo vivimos en borrador, y cómo solo temporalmente nos pasamos a limpio y actuamos como si fuéramos otros, pero queriendo que se nos reconozca. O sea, algo así como ¡oye, que aunque parezca otro, soy yo, eh€!. Decididamente, si el pasado 21 hubieran aparecido esos hermanos de otros mundos que algunos nos venían prometiendo, lo nuestro lo habrían entendido como una pandemia de trastorno bipolar severo. El evangelio, oiga€

Casi todos vivimos en borrador, unos, quizá, basados en el inmovilismo, y otros, quizá, porque no vemos –o no queremos ver– que lo que pretendemos «en limpio» sigue siendo un mal borrador bien adaptado al adocenamiento. Repasemos, si no, los recorridos de nuestros responsables políticos, los de ahora y los de siempre. Diríase que todos fueron y son los emisarios cósmicos del cambio de ciclo. Susto me dan€. Todos llevan todo el tiempo trabajando en nuestro nombre, por nuestro bien, pero el testigo que se ceden, cada vez más resulta ser un recompuesto borrador de imposible pasado a limpio.

Confieso que, para no ser distinto, acometí el folio con la única intención de escribir una felicitación, así que vayamos a ello: si por casualidad hay alguien aquí, leyéndome en este momento –cosa que dudo–, lo invito a que siga viviendo en borrador, si es que eso lo pone, pero, si no, lo invito a que pase a limpio sus proyectos y que haga del 2013 el inicio de una eterna Navidad que lo acompañe hasta el final. Felices fiestas.

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