Cartas al director

01.12.2013 | 05:00

Concertinas

Miguel de Cervantes tuvo que envolver su personaje de D. Quijote bajo una máscara de «locura» para poder expresar verdades como puños sin tener que padecer nuevos ingresos en prisión o ser ejecutado por la «santa» Inquisición.

Rebelarse contra los tres gigantes del miedo, la injusticia y la ignorancia siguen siendo retos para cualquier persona que no haya perdido aquellos valores que lo impregnaron en su adolescencia y se marcó como objetivos para la vida adulta.

La esquizoide disociación entre lo correcto y lo habitual, entre lo ético y la picaresca, te sitúan ante encrucijadas donde el que no corre, vuela, y se generaliza el sálvese quien pueda. Pero en tiempos de crisis, y cuando barbas de vecinos vemos afeitar, muchos comienzan a remojar sus fraguadas cerrazones para abrirse a los demás, conscientes ahora de que juntos sí se puede sobrevivir a esta zozobra de naufragio generalizado. Sin embargo, muchos siguen anclados en el hormiguero, en las pautas fijas de conducta, en la división que impone el sistema entre Norte y Sur : una venda impide ver a muchos que el bienestar de Occidente sigue basándose en la explotación de sus multinacionales en los países en vías de desarrollo. Impávidos y como si no fuera con nosotros la película, asistimos a la instalación de «concertinas» en las vallas del campo de concentración africano. Nuestros buques roban ilegalmente pescado en aquellas aguas, nuestras empresas expolian petróleo, gas, uranio, oro, coltán, etc. Y sin embargo impedimos que puedan llegar aquí cientos de miles de jóvenes africanos despojados de sus bienes por el «demonio blanco» con la complicidad de la corruptela local. El Frontex se usa sólo para proteger la Gran Muralla Europea, y Al Qaeda es financiada por EEUU, Arabia Saudí y Catar en Siria, mientras en el Sahel juega su doble papel de enemigo y excusa perfecta para intervenir militarmente e imponer condiciones de neoesclavitud. El FMI sólo concede créditos a los gobiernos corruptos del sur que recortan al 90 % los presupuestos de Sanidad, Educación o acceso al agua potable. La venta de armas a estos países y la financiación de golpes de estado para derrocar regímenes no cómplices del águila norteño, terminan por ahogar cualquier esperanza de desarrollo en África. Y mientras, jugamos a poner tiendecitas de «Comercio Justo».
Julio Tapia Yagües. Benalmádena Pueblo

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