Columna del lector

Impertérrito Rajoy

13.04.2015 | 08:18

Como buen gallego que es, Rajoy no da su brazo a torcer, por muy adversas que le vengan las cosas. «¡Los gallegos somos los seres más testarudos del mundo!», solía decir el escritor García Márquez, y a fe que tenía razón, que la terquedad es proverbial en el territorio. Los miles de candidatos populares que ya esperan el pistoletazo de salida para entrar de llena en las elecciones municipales que están al caer y en la que se juegan tanto no dan créditos a sus oídos al saber de boca de su presidente en una entrevista televisada hace dos días que nada nuevo se va a fundamentar en la tan cacareada reunión de la Junta Directiva del Partido del martes en Madrid, en la que todo hace pensar que no habrá cambios de estrategias ni rectificaciones esenciales que vengan a paliar el fiasco de los pasados comicios en Andalucía.

No las hubo, efectivamente. «Habrá que corregir lo que haya que corregir». Fueron estas las primeras palabras de su esperado discurso de hace pocos días; una alocución, la de Génova, que todos esperaban con expectación, desde los altos jerarcas del partido hasta los últimos aspirantes populares a las alcaldías de los más perdidos pueblos de la ancha y en estros días de elecciones sucesivas desconcertada ciudadanía de España. Pero para el descontento de muchos no hubo aclaraciones y las autocríticas brillaron por su ausencia: como si nada hubiera ocurrido y el trance de la descomunal pérdidas de votos en los comicios últimos europeos y en Andalucía no contaran para nada, pero que provocó profunda insatisfacción, con el corolario de primeras espadas del partido- Cospedal, Arenas, Sáenz de Santamaría... tirándose los trastos a la cabeza, bajo la sombra alargada del asesor Arriola, que no parece estar muy acertado en sus decisiones en los últimos tiempos.
Se empeña Rajoy en incidir en los logros económicos, que si bien son irrefutables, no parece que contenten al grueso de la ciudadanía, que esgrimen la corrupción, el trabajo precario y mal remunerado y la pobreza, sobre todo haciéndose hincapié en la infantil, una lacra, que nos coloca en cabeza de la Unión Europea.

Por otra parte, está la poca credulidad que a los ciudadanos de calle le merecen las promesas del PP, ya más de una vez convertidas en aguas de borrajas. Se escudan los barones populares en que ha faltado la comunicación y en que no se han explicado los logros obtenidos. A buenas horas... Algo ha fallado en el partido hasta ahora con mayoría absoluta y la prueba de ello son los desastrozos resultados obtenidos en las las dos últimas consultas electorales celebradas. Tendrán que «apretarse los machos», que decimos los nacidos en Ronda y sus cercanías cuando algo parece de insoluble consecución, si quieren obtener rentas favorables en los comicios municipales que están al caer y los que seguirán de inmediato.

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