Arquitecto

Hoyo de Esparteros: otro urbanismo es posible

Recordemos que se trataba de un ambicioso proyecto, firmado por el arquitecto Rafael Moneo y promovido por Braser

16.07.2015 | 10:52

La paralización de la operación urbanística prevista en Hoyo de Esparteros, acordada ayer en la Comisión de Urbanismo –tras el incumplimiento por parte de la promotora de los compromisos contraídos– es una buena noticia para nuestra ciudad. Es pronto para cantar victoria definitivamente, pero es un paso en la buena dirección.

Recordemos que se trataba de un ambicioso proyecto, firmado por el arquitecto Rafael Moneo y promovido por Braser, que habría de cambiar la faz del alzado del Guadalmedina y del entorno del Mercado de Atarazanas. La propuesta implicaba un importante incremento de la edificabilidad, materializada en unos volúmenes sin relación alguna con el trazado urbano preexistente, y cuya faceta más visible era un descomunal hotel de diez plantas de altura. Para ello, además, se preveía la demolición de un inmueble protegido –conocido como pensión La Mundial– que fue convenientemente descatalogado para la ocasión, y del cual se proponía alzar una réplica descontextualizada en una esquina del solar. Solar cuyo actual estado de dejadez no es fruto de algún prolongado proceso telúrico, sino parte de una cadena de demoliciones sucesivas e incendios sospechosos y recurrentes.

Todo ello en un centro histórico reconocido como BIC y del que recientemente se ha hablado de solicitar su inclusión en el catálogo del Patrimonio Mundial de la Unesco.

No cabe duda de que lo antes expuesto constituye una agresión al patrimonio edificado y a la escala humana que toda urbe requiere para la convivencia cívica. Pero además manifiesta una manera de concebir la ciudad como territorio conquistado por parte del inversor, al cual se le rinde pleitesía a condición de que deje caer algunas migajas. Porque hay que decir que, en todo este tiempo, la promotora y las autoridades que le han dado cancha han fracasado clamorosamente a la hora de explicar las bondades del proyecto, y los argumentos esgrimidos en su defensa han sido de gran endeblez, tales como que Málaga necesitaba un edificio diseñado por un arquitecto perteneciente al Star system, o que la intervención era compatible con el marco legal vigente; como si olvidásemos que éste fue modificado precisamente para acomodarlo a dicha intervención.

También se ha usado el sobado adagio de la generación de riqueza o de la creación de empleo. Pero nadie ha podido o sabido explicarnos por qué Málaga iba a ser más habitable y mejor ciudad tras la desaparición de La Mundial y la construcción del colosal prisma de hormigón que habría de sustituirlo, borrando toda referencia histórica; y cada vez ha quedado más claro que el emperador estaba desnudo.

«Ahora proyectamos y construimos el futuro», era el lema escogido por la promotora para publicitar en sus carteles la operación inmobiliaria. Tras esas promesas parecía adivinarse la risa del Mefistófeles de Goethe, mientras exclamaba «¡Qué fácil es seducirte!¡Ése es el truco!».

Por ahora nos hemos salvado por la campana de ese futuro que no querríamos para nuestros hijos: la noticia llega cuando La Mundial sigue aún en pie, y es una pieza estratégicamente situada y con la potencia suficiente para servir de punto de partida desde el cual regenerar la zona de una forma respetuosa y con una escala razonable.

No se puede desaprovechar esta ocasión: ¿qué tal un concurso abierto de ideas para seleccionar la mejor propuesta? Empecemos de nuevo.
Otro urbanismo es posible en Málaga.

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