Cuaderno de bitácora

Una de mero

19.07.2015 | 05:00

La Cónsula es una fuente brutal de talentos y tiene mucho que ver en la expansión gastronómica de Málaga. Es terrible que nadie, salvo sus alumnos y trabajadores, haya sabido valorarla. Pocos son conscientes de su valor; no habrá otra Cónsula como tampoco habrá otro Bulli. Son cosas que no se pueden hacer ni con dinero. Hablo de un centro que reunió a gente como Jesús Camarero, a una decena de profesionales del mejor nivel que decidieron abandonarlo todo, incluso cobrando menos, para dedicarse a la formación. Eso es irrepetible». Esta reflexión de José Carlos García, uno de los cocineros españoles con más proyección y que se formó en La Cónsula, dibuja el valor y potencial de estas escuelas de hostelería cuyos fogones llevan apagados desde hace casi dos años por la incapacidad de la Junta de Andalucía hasta para preparar una tortilla.

Los alumnos, los profesores y toda la industria turística de la Costa del Sol son incapaces de entender cómo el gobierno andaluz no es capaz de gestionar este conflicto y desde hace años sólo escuchan declaraciones vacías de consejeros y consejeros. Antes de las elecciones andaluzas la propia presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, prometía que en un plazo de diez días todo quedaría solucionado, que se pagarían las nóminas atrasadas y que los proveedores cobrarían sus atrasos. Fue el 4 de marzo. Hoy es 19 de julio y las neveras de las escuelas siguen vacías, los profesores piden dinero a familiares y amigos ante el impago de sus nóminas y pocos son los estudiantes que se arriesgan a matricularse para el próximo curso cuando hace años había cola en estos centros formativos cuyo prestigio hacía que la inserción laboral fuera total.

La Junta se ha comprometido por enésima vez a la continuidad de la formación en estos dos centros y alude otra vez a problemas administrativos que impiden el normal funcionamiento de las escuelas; un embrollo que no hay que olvidar creado por el propio ejecutivo andaluz que pasa las competencias de las escuelas de una consejería a otra con la misma rapidez que yo frío un huevo. Ya era inexplicable que la Junta de Andalucía acusara a la propia Cónsula de falta de control de los cursos de formación cuando es la propia Junta la responsable única de controlarlos. Como lo es también de que no se paguen las nóminas a los trabajadores o los pedidos a los proveedores.

La verdad es que el viernes me quedé más tranquilo con las declaraciones del consejero de Empleo, Empresa y Comercio, José Sánchez Maldonado. «Todo el gobierno andaluz estamos trabajando por solventar todas las dificultades administrativas de los consorcios escuela y que esto se pueda hacer en el tiempo más rápido para que se pueda volver a la actividad normal, a partir de septiembre». Cuando un político tira de gerundio y dice que «estamos trabajando», lo que de verdad quiere decir es «siéntense ustedes, que esto va para largo». Por lo pronto hasta septiembre y eso que el propio consejero remarcó que «todo» el gobierno andaluz está metido en faena. Madre mía. Todo un gobierno, con sus decenas de asesores, su legión de directores generales, de jefes técnicos, de abogados, de consejos consultivos... y son incapaces de terminar la puñetera inclusión de los consorcios en el ente de infraestructuras educativas para encender de una vez por todas los fogones que tantos cocineros brillantes hornearon durante años. ¿De verdad que está «todo» el gobierno andaluz en el ajo? A lo mejor bastaría con un sólo consejero decidido a que no se engañe más a los profesores, a los alumnos y a toda la industria turística de la Costa del Sol. Adelaida de la Calle tiene un buen marrón.

El problema está, sin duda, en la incompetencia de los políticos que han permitido durante años por acción u omisión que el enorme prestigio de este centro formativo se cuele por el sumidero del fregadero hasta poner en peligro la propia continuidad del centro. Han sido capaces de arruinar un centro de formación necesario para la potente industria turística de la Costa del Sol. Menos mal que los otros pilares que sustentan al turismo, como el sol, las playas y el mar, son incapaces de cargárselos, aunque también ponen de su parte al no terminar el saneamiento integral pese a que cobran un suculento canon del agua que en teoría debería ir destinado a impulsar las depuradoras, colectores... que faltan desde hace años.

De nada sirve mirar al pasado y desgranar otra vez la falta de negligencia del inigualable consejero Antonio Fernández; recordar como Mar Moreno prefirió enterrar en el cajón de los olvidos las facturas y advertencias internas que alertaban del problema o como Luciano Alonso trató sin éxito de poner en orden las cuentas. Mejor será no recordarlo y confiar en que «todo» el gobierno andaluz siga trabajando. Pero ojo, que no se trata de cocinar a fuego lento.

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