A media voz

La caída

16.08.2015 | 05:00

Así se titula un libro del novelista brasileño Diogo Mainardi publicado hace pocos meses por la editorial Anagrama. En él narra en 424 cortos capítulos, que él llama pasos, la historia de su hijo Tito, que, a causa de una negligencia médica, nació con parálisis cerebral en un hospital de Venecia. Mainardi, que se muestra un padre entregado en cuerpo y alma a las causas de su hijo (causa médica, causa familiar, causa económica, causa judicial, causa cotidiana, causa emocional), aprovecha esta circunstancia para reflexionar sobre muchas cosas que dan vueltas en torno a la historia circular (así la califica él en numerosas ocasiones) de su propio hijo.

Reflexiona, por supuesto, sobre la evolución de Tito, sobre cómo se desenvuelve en el día a día, sobre los especialistas de medio mundo a los que van a consultar su caso, sobre su contagiosa felicidad a prueba de todo y sobre, en relación con esto último, lo mucho que él les enseña a su padre Diogo y a su madre Anna acerca de lo que es importante y de lo que no. Reflexiona también sobre Hitler y su programa de exterminio de lo que él denominaba «enemigos biológicos», entre los que se encontraban todos aquellos aquejados de la misma enfermedad de su hijo Tito. Reflexiona sobre otros padres (el cantante Neil Young, por ejemplo, que tiene dos hijos con parálisis cerebral) y sobre otras personas que han afrontado la misma situación o alguna situación parecida. Reflexiona sobre la paternidad como condición esencial y no como circunstancia, es decir, como parte de lo que más importa y no como parte de lo que se puede prescindir sin por ello dañar ningún centro vital. Reflexiona sobre el sacrificio que no es sacrificio sino autodescubrimiento, el gozo de ser otro con el otro, el misterio de la donación que enriquece al que la hace. Reflexiona sobre el arquitecto que construyó, varios siglos atrás, el palacio (luego hospital) donde nació su hijo y sobre los que han hablado de él. Reflexiona sobre las creencias antiguas acerca de la longevidad y la enfermedad. Reflexiona sobre Lombroso, Proust, Mengele, Joyce y muchos más. Reflexiona sobre los países, sobre la manera de ganarse la vida, sobre otro hijo suyo, sobre las playas, sobre la venganza, sobre lo que se pierde y lo que se gana. Reflexiona (y cuenta) sobre los pasos que Tito es capaz de ir dando sin caerse hasta llegar, precisamente, a los 424 que suman los capítulos del libro, momento a partir del cual, dice, dejará de contar. Reflexiona sobre su condición de columnista semanal en un periódico brasileño, recuadro desde el cual va contando, a lo largo de los años, historias que tienen que ver con su hijo, con vivir con su hijo, con ser (de alguna manera hondísima y maravillosa) él mismo su propio hijo.

Uno de los libros, este de Diogo Mainardi, más bellos, necesarios, justos, bien escritos, emocionantes y lúcidos que uno haya podido leer en mucho tiempo. Tiene inteligencia, tiene sentimientos, tiene fotos, tiene movimiento, tiene idas y vueltas, tiene corazón, tiene piernas, tiene andadores, tiene sonrisas, tiene datos, tiene luz, tiene viajes, tiene bibliografía (y discografía y filmografía), tiene información de la buena, tiene todo lo que hay que tener para ser una obra maestra. Tiene también una feroz acusación a la dottoresa F., la culpable, reconocida por la ley, de varios errores gravísimos que desembocaron en el nacimiento irregular de Tito. Un libro que se lee rápido pero que se digiere despacio, quizás a lo largo de una vida. No se lo pierdan.

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