La quinta columna

Jarrones y entrevistas

12.09.2015 | 05:00

Felipe González es el autor de un conocido símil según el cual los líderes políticos en retiro son como grandes jarrones chinos que nadie sabe dónde poner porque siempre estorban. El expresidente del Gobierno, hombre de amplia experiencia y astucia infinita, está muy preocupado por la cuestión catalana; tanto, que el pasado 30 de agosto, en una carta dirigida a los ciudadanos de aquella comunidad y publicada en El País, no tuvo empacho en situarse a sí mismo en medio del salón, ornado de fino estadista con memoria, para advertir que lo que Más y los demás planean le recuerda a las "»aventuras» de Hitler y Mussolini.

Quizá para enmendar la «ofensa», una semana después concedió una entrevista a La Vanguardia y, en compensación, se declaró a favor del reconocimiento de Cataluña como nación en una hipotética reforma, grande o pequeña, de la Constitución. Decorado más de jurista que de augur, pero jarrón al fin y al cabo, González volvió a estorbar de lo lindo, aunque esta vez no a los independentistas catalanes, sino a los «barones» de su partido, que, con excepción de Iceta, vinieron a decirle que nación nación sólo lo es la española y que, en todo caso, mejor hablar de Estado que de naciones y pueblos.

Vista la fría acogida de la propuesta del maestro, ese mismo domingo Pedro Sánchez limitó el reconocimiento de la «nación catalana» a una simple aceptación de su «singularidad», en un encendido discurso a favor de una «Cataluña mejor con una España diferente». Frase que en su huera pomposidad habla por sí sola de las molestias que le estaba ocasionando la presencia del jarrón, al permitirse concretar el sentido de la reforma constitucional más de lo que por ahora le conviene al líder del PSOE.

Y es que, acostumbrado a estorbar, González suele decir lo que piensa; no como Sánchez, y antes Rubalcaba, que sólo se han metido en este jardín para evitar que el PSC, al completo, ponga rumbo hacia el soberanismo; o, como mucho, para disponer sin ningún coste, puesto que no hay propuesta, de un leitmotiv con el que decir y repetir que los socialistas sí tienen una solución para encajar de nuevo a Cataluña en España.

Al final, González debió de darse cuenta de que había estorbado demasiado, porque el martes, dos días después de la publicación de la entrevista, negó la mayor. «Esa frase no está en la entrevista, ni siquiera me hicieron esa pregunta». Y desde un punto de vista, digamos, formal tiene razón; pero, como ha explicado el autor del texto, Enric Juliana, el titular («Estoy a favor de una reforma que reconozca Cataluña como nación») «se infería de una respuesta que no deja lugar a dudas». Pregunta: «¿Usted estaría de acuerdo en que, bien por la vía de una reforma amplia de la Constitución, bien por la vía que sugiere Herrero de Miñón de una nueva disposición adicional, hubiese un reconocimiento explícito de la identidad nacional de Cataluña?». Respuesta: «Absolutamente... absolutamente. Es que no tengo la menor duda...».

Entiendo al expresidente, porque algunos titulares, cuando se ven impresos, dan vértigo; pero yo, la verdad, hubiera puesto el mismo que Juliana.Jarrones y entrevistas

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