360 grados

¿Qué dicen de todo esto los Estados Unidos y los países ricos del Golfo?

21.09.2015 | 05:00

Hay una pregunta que hacer, que comienzan ya a hacerse muchos en Europa, a propósito de la crisis de los refugiados que tanto y con razón angustia a nuestro viejo y al mismo tiempo envejecido continente.

¿Qué tiene que decir Estados Unidos de todo ello? Ese país que es el mayor responsable de la tragedia de unos países, que si eran antes dictaduras laicas, se vieron convertidos de la noche a la mañana en Estados fallidos, divididos por distintas facciones, a cual más fanática, del Islam?

El país que atacó por ciego afán de venganza a Afganistán y destapó allí la caja de los truenos, que invadió Irak con falsos pretextos, arrastrando en aquella tan absurda como criminal aventura a algunos de sus aliados europeos, que animó a otros como Francia a deshacerse del dictador libio, precipitando también a ese país en el caos, y que ha mostrado un desinterés total por lo que ocurre ahora en Siria?

Y ¿qué tienen que decir también los ricos países árabes del Golfo, los aliados de Occidente como Arabia Saudí, que nos vende su petróleo y al que vendemos nuestras armas? Ese país que no sólo se dedica a financiar la expansión de la rama más intolerante del Islam, sino que parece haberse aficionado últimamente también, siguiendo el ejemplo de EEUU, a destruir otros desde el aire como está sucediendo con el Yemen?

¿Alguien les ha exigido a unos y otros responsabilidades? ¿Alguien les ha pedido que al menos arrimen el hombro y carguen también con la cuota de refugiados que debería corresponderles? Seguro que no. Los gobiernos europeos han vuelto a mostrarse como siempre duros con el débil y débiles frente al fuerte.

Y, sobre todo, mientras no ataquemos las causas profundas de lo que acontece, Europa podrá seguir acogiendo cada vez a un número mayor de refugiados, pero aumentarán aquí las tensiones sociales y la xenofobia, explotada por demagogos sin escrúpulos, como vemos en Francia, pero también en Hungría y otros países europeos.

Y mientras continúe la explotación inmisericorde, y en beneficio sólo de unos pocos, de los recursos naturales de tantos países –véase por ejemplo el Congo– y siga creciendo de modo alarmante la desigualdad en todo el mundo, no cesará, sino que irá en aumento el flujo de refugiados y su manejo por bandas de individuos sin escrúpulos como vemos que ocurre en los Balcanes y otros lugares del planeta porque el problema de los refugiados no puede verse sólo desde nuestra óptica eurocéntrica.

Europa podrá recibir anualmente a medio millón o a un millón de refugiados, pero habrá resuelto muy poco. Y lo que es más importante, todo el mundo debería tener derecho a una vida decente en su propio país, donde siempre podrá comunicarse con los otros en su propio idioma y defender su cultura frente a una globalización que todo lo aplana. La emigración debería ser la excepción y no la norma.

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