Pasando la cadena

Cataluña, de Xavi y Gasol a Guardiola

23.09.2015 | 05:00

Desde aquí hemos alabado los criterios futbolísticos de Guardiola, y también se ha censurado su vena política cuando abusa de su situación para apoyar posiciones independentistas catalanas, tan fuera de lugar como discutibles. Su excompañero Xavi, por el contrario, ha dicho que no se debe politizar al Barça porque es un emblema mundial. Eso sí es sentido común.

Y Gasol, tira de la selección española de baloncesto sintiéndose tan catalán como español. Esto es valentía y claridad.

En medio de la confusión, han pedido en Cataluña registrar la marca Liga Catalana de Fútbol. Y desde la base radical, si se quiere, de creer que por ahí debíamos haber empezado, me pasmo ante la flojera de las autoridades españolas.

En distintos medios de comunicación, he defendido hasta el cansancio que cuando empezaron a pedirse selecciones oficiales de fútbol en Cataluña y en el llamado País Vasco, más allá de la RFEF, debería haber intervenido el pomposo Gobierno de España para invitarlos a que lo hicieran, con el compromiso de apoyarlo en la UEFA y en FIFA. La consecuencia inmediata sería que también organizaran sus propias ligas, tal y como sucede en el Reino Unido. Les ahorro las valoraciones que ya hemos expuesto varias veces, pero el resumen sería que tienen tanto que perder que ellos mismos hubieran dado marcha atrás para evitarse el desastre de ver minusvalorados a sus equipos fundamentales y a su fútbol; solo hay que ver lo que ocurre en Gales y en Escocia.

Ante peticiones extremas, hay que enfrentarlas a sus propias contradicciones, en lugar de ir con paños calientes para calmar las ansias, normalmente egoístas e insolidarias, de quienes las promueven. Todo lo demás es mal acostumbrar, como a los niños, a que el que no llora no mama. Y eso conlleva agravios comparativos inmensos a los que mantienen el tinglado, desde esa mayoría silenciosa que tanto se ensalza como se le machaca.

También creo que lo de Cataluña no tiene solución. Son dos generaciones de catalanes educados en las mentiras clamorosas de que no son españoles y que, además, España les roba. Es difícil hallar allí a ciudadanos menores de cuarenta años que conozcan la historia común que les une al resto de españoles, por no señalar su sangrante falta de conocimiento de la lengua que hablamos más de quinientos millones de personas en el mundo; la tercera lengua más conocida, tras el chino y el inglés.

Volviendo al deporte y al fútbol, no deberíamos escandalizarnos de la realidad catalana, cuando el poder español ha consentido todo tipo de desmanes. Acabando por los pitos e insultos al himno y a la bandera de España en las últimas finales de Copa, deberíamos empezar por el consentimiento que hubo con el Barça cuando se negó a jugar otra final de Copa, hace años, estando incluso los equipos formados en el estadio. Si entonces se hubiera sancionado a los azulgranas con años suficientes de no participación en ninguna competición española, para que reflexionaran, seguramente no estaríamos lamentando ahora las vejaciones a España y a nuestras instituciones en los campos de fútbol.

Ya sé que puede sonar a exagerado, por aquello de equiparar la sanción al hecho punible, pero cuando tampoco se toman otras medidas, como las de la inteligencia que decíamos: la de ponerlos ante sus contradicciones, que siempre es la mejor, algo habría que hacer. Lo que conduce a las posturas de los Guardiola y compañía, es precisamente lo mismo que ha conducido a la lamentable situación política y social de Cataluña; no tiene billete de vuelta, salvo por la fuerza, y eso es, a todas luces, un disparate. Como disparates sucesivos fueron las reiteradas cesiones políticas por parte de todos los gobiernos españoles, todos, al ahora innombrable Pujol, antes protocolariamente honorable. La peor fue la cesión de competencias en educación; el crisol donde se fundieron los aceros que ahora nos lanzan.

Dice el irresponsable y «tontarrera» Mas, y no digo más por educación, que la liga española no puede resistir sin los Madrid-Barça. Y yo le digo, que se puede llevar a su equipo, si le sigue, donde quiera. Ya está tardando. Muchos nos acordamos con nostalgia de cuando los españoles éramos de cualquier sitio y compatriotas. ¡Lástima, tú!

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine