Cartas al director

14.11.2015 | 05:00

El matrimonio, gran tesoro, por Josefa Romo
La familia, célula básica de la sociedad y fundada sobre el vínculo matrimonial, es la institución más estimada y la más valorada en Europa. El matrimonio cristiano, y el civil entre no cristianos, se caracteriza por ser una realidad indivisa (exclusiva), abierta a la vida e indisoluble, con mutuas obligaciones de fidelidad y lealtad. Con el divorcio exprés, parece que se ha puesto el empeño en diluir el matrimonio, y no en apuntalarlo. Un experto en asuntos de familia, apunta: «Se ha creado un ambiente favorable a la infidelidad y a la falta de esfuerzo en querer solucionar una relación matrimonial, en el caso de que no funcione adecuadamente. La opción más fácil que se proclama es la de romper, en vez de la de luchar por recuperar el amor de la pareja».(ABC). No tomarse en serio el matrimonio tiene graves consecuencias para el bienestar personal, familiar y social. El matrimonio es un tesoro, un camino de felicidad para el hombre y la mujer, diferentes y complementarios. Debe custodiarse: de su buena marcha dependen la alegría íntima de los esposos, su serenidad interior y los mimbres para una educación verdadera de los hijos que les haga interiormente sanos y seguros. Uno de los riesgos es la «amistad particular», que, si ya es capaz de romper la armonía de cualquier grupo, en el matrimonio es carcoma que puede derrumbarlo si no se advierte a tiempo. Para marido y mujer, es inexcusable la «guarda del corazón».

¿Causa/efecto en violencia de género?, por Luis Enrique Veiga Rodríguez.
En un nivel personal debo decir que hace tiempo dejé de creer en ciertas leyes vigentes en el país; aunque fundamentalmente haya dejado de creer en quienes las proponen o las evocan con tanta frecuencia ya que son posiblemente quienes más las vulneran. De modo que lo que ayer era un delito, por ejemplo, el aborto, hoy es un derecho y lo que ayer era un derecho, por ejemplo, la presunción de inocencia, hoy es un delito. No sé si esas leyes entienden de machismo o hembrismo, pero convendría reflexionar sobre ello. Decía la exministra Carmen Calvo que la violencia de género alcanzará su fin definitivo en el momento en que la mujer alcance el poder; sin más comentarios. No es mi ánimo desde luego contravenir opiniones como la de la exministra, que por otra parte me parece enormemente respetable, pero en un tema de tan alta sensibilidad entreveo, evidentemente, un trasfondo político que en modo alguno comparto y todavía perdura. Y es que dudo que lleguemos a encontrar el punto de equilibrio planteado como cuota de poder en una cuestión que exige el mismo compromiso a la mujer que al hombre. En cuyo sentido, cada 20 de noviembre se celebra el aniversario de la Convención de los Derechos del Niño. Lo que sugiere quizá la importancia de avanzar contra la violencia de género a través de erradicar el maltrato sobre el feto, que algunos llamarían terrorismo hembrista. Son argumentos para la reflexión, cuando menos. A no ser que con la sospecha en la mano se esté pretendiendo colocar sobre todos los hombres un brazalete. El de culpables.

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