360 grados

El Eurodisney de la Yihad

13.12.2015 | 05:00

Es muy significativa la descripción que hizo al periodista francés David Thomson de su guerra en Siria uno de los combatientes llegados de Europa: en Rakka, la capital del llamado Estado islámico, se había sentido, según confesó, como en el «Eurodisney de la Yihad».

Algunos de los que tuvieron la suerte de no morir y regresan a Europa cuentan lo bien que se lo pasaron en Siria, ganaron allí estatus social y se integraron inmediatamente en el grupo en el poder, cuenta Thomson, quien ha entrevistado a numerosos yihadistas.

«Uno de los que volvieron me dijo que había puesto en Facebook fotos en las que se le veía con su arma de fuego porque alguien le había contado que le escribirían muchas chicas». Por primera vez, aquel joven tuvo la impresión de existir, agrega Thomson.

Según explica a Der Spiegel el periodista que mejor parece conocer ese mundo de jóvenes criminales convertidos a la guerra santa, «lo que más sorprende en ellos es la normalidad. Ven fútbol y me preguntan si he visto al Olimpique de Marsella. Hablan de Siria y un momento después, de episodios de la serie «Breaking Bad».

Thomson cree que si Francia se ha convertido ahora en objetivo favorito del Estado Islámico es, entre otras cosas, por su pasado colonial, sobre todo en el Magreb. Los magrebíes son especialmente numerosos en ese Ejército yihadista y no olvidan fácilmente.

Francia es además más odiada que otros países, explica, por sus leyes, que los yihadistas consideran islamófobas: la prohibición de llevar burka, la discusión sobre el velo en la escuela, el laicismo. Y es un país además que se ha distinguido por su intervencionismo: en Afganistán, África central, en Mali, y ahora en Irak y Siria.

El periodista francés se muestra muy pesimista y cree que lo ocurrido ahora en París puede repetirse en cualquier lugar y en cualquier momento en Europa porque es relativamente fácil manejar un kalashnikov o aprender a fabricar un cinturón explosivo.

En cuanto al perfil del yihadista fanático, cree que su conversión se produce tras una fase de frustración, que puede ser religiosa – el individuo considera que no puede profesar su religión como le gustaría– o social: no logra ocupar el estatus al que cree tener derecho.

«Esos islamistas tienen un pasado que no nada tiene que ver con el Islam. Y sienten la Yihad como una experiencia purificadora, sobre todo quienes tienen un pasado criminal», como es con frecuencia el caso. Al mismo tiempo se sienten parte de una comunidad.

Los expertos creen que hay en torno a 4.000 jóvenes de ambos sexos procedentes de Europa Occidental que han ido a vivir o luchar en Siria o Irak y que constituyen un peligro potencial en el caso de que un día regresen a sus países de origen.

Pero son sólo una parte de la legión extranjera del Estado Islámico: se cree que hay allí más de 20.000 yihadistas llegados de cerca de un centenar de países.

Los hay que acudieron a luchar junto a los sunitas contra el dictador sirio; otros no tienen una motivación política o religiosa, sino que abrazan las armas por los motivos más diversos, y está finalmente el grupo de los simples compañeros de viaje.

Los reclutas procedentes de Occidente son la mayoría de las veces los más dóciles y leales, y son utilizados en muchos casos para la propaganda o para la comisión de atentados terroristas. Fuentes consultadas por el citado semanario alemán creen que en torno a un 70 por ciento de los atentados suicidas se deben a extranjeros.

Desecar los pantanos de la desesperación, la discriminación y falta de perspectivas donde tantas veces medra, a través sobre todo de internet, la propaganda yihadista es mucho más difícil que bombardear y destruir países enteros sin saber cómo vamos luego a reconstruirlos.

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