El desliz

Soraya en la cocina

13.12.2015 | 05:00

Quedó muy claro desde el minuto cero del debate de candidatos de Antena 3 y La Sexta del lunes que la única mujer presente en el ruedo no tenía derecho a estar allí. La extraña disposición de los participantes, tiesos en hilera, me recordó a Mocedades, pero quita, el grupo musical vasco era paritario. Por si quedaba alguna duda de que alguien se había colado en el aperitivo mediático de la fiesta de la democracia, para romper el hielo cada cabeza de cartel fue preguntado por asuntos de cierto calado, importancia o actualidad, hasta que llegó Soraya Sáenz de Santamaría, y se le interrogó por la ausencia de Mariano Rajoy. Lógico. En efecto, amigas, ni estamos ni se nos espera. Y si no estamos no debería parecer que estamos. ¿Qué nuestro debate de señores podría parecer un debate de la televisión de Irán? Pues claro. Si no aceptamos la triste realidad no la cambiaremos nunca. Muy mal por la vicepresidenta y por las televisiones convocantes que urdieron un programa político definitivamente tramposo desde la raíz. Margallo, Soria, Montoro, cualquier miembro del consejo de ministros que haga pis de pie, o incluso una silla vacía hubiera representado mejor al PP mariano que la vicepresidenta. Mucho se tienen que retorcer los posibles pactos postelectorales para que Sáenz de Santamaría se convierta en la primera presidenta del gobierno de este reino que proclama la prevalencia de los hombres sobre sus hermanas. Aunque mayores sustos da el póker.

Estoy segura de que Mariano Rajoy no se molestó en ver el debate, que se buscó algo de fútbol por satélite y luego se ha leído un par de resúmenes preparados por sus asesores. Él es así, tendente a la gran evasión. Sus declaraciones respecto al papel de la persona que le evitó el marrón gigantesco de medirse en directo con dos personalidades arrolladoras como son Pablo Iglesias y Albert Rivera merecen que el amigo invisible le deje unos calcetines. Tras enunciar en su estilo habitual que no se sabe qué hubiese pasado de haber participado él, «podía haber ganado, o podía no haber ganado», dijo que «Soraya se conoce muy bien los temas, desde la cocina». ¿Desde dónde? Jo, de verdad. Una metáfora para llorar, lo mismo se equivocó con el mando y sintonizó la final de TopChef. Ni siquiera Sáenz de Santamaría se merece un jefe como ese. Y mucho menos el resto de las españolas, que no le debemos nada, ni carrera, ni posición, ni ascensos ilimitados, ni poder. Hay que haber nacido con una dosis extra de abnegación para prestarte a hacer el papelón por alguien así. O con vocación de sombra. De mala sombra.

No sé qué revolución necesita la mitad de la población de este país. De momento, Madrid y Barcelona están siendo capitaneadas por mujeres y no les va nada mal, casi diría yo que pasan sus días discretamente felices y cambiando cosas que parecían difíciles de cambiar. Eliminada Soraya de la ecuación porque nunca debió estar allí, observé el debate definitivo para imaginar con qué candidato mejorarán las condiciones de las mujeres españolas (trabajadoras, madres, jóvenes, maltratadas, profesionales) y francamente lo ignoro porque nadie habló demasiado al respecto. No somos un tema de campaña, por mucho que tengamos el poder en nuestras manos. Con posterioridad, leo que Ciudadanos propone equiparar la violencia machista que asesina a docenas de mujeres al año con la que ejercen las mujeres sobre los hombres. El nivel cae en picado. Definitivamente, estos tíos donde mejor están es vegetando en Doñana.

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