En corto

Repugnante

14.01.2016 | 05:00

Ha existido siempre un culto soterrado al gran delincuente que mediante arrojo, astucia y riesgo logra burlarse del sistema. En Hollywood, Vaticano moral de Occidente, es el culto a Billy el Niño y a Bonny and Clyde, pero también el que recibe, de forma más taimada, El Padrino. En España es el culto romántico al bandolero, o el que en algunos concitaba El Lute antes de redimirse (momento en el que su culto decayó). Pero la más alta expresión de ese culto sería La canción del Pirata, de Espronceda, un canto a la libertad. Lo que hay detrás de ese culto es un oscuro rencor contra el Estado, que para un pliegue secreto de nuestra conciencia viviría de sangre que nos chupa y libertad que nos roba. No digo que sea un culto respetable, pero hay que admitirlo como desahogo. Ahora bien, nunca ha caído tan bajo ese «culto» soterrado como con el Chapo Guzmán, entrevistado por Sean Penn.

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