Tribuna

Rajoy hace la maleta

22.01.2016 | 05:00

Indolencia. No sabe dialogar, ni pactar. Rajoy está noqueado, grogy en el argot boxístico. Encerrado en su mantra eterno Rajoy sigue insistiendo en que él o el caos. No se ha enterado de que perdió tres millones y medio de votos y que nadie quiere acercarse a Rajoy para darle el plácet para formar gobierno, ni tan siquiera Ciudadanos. Rajoy se ganó en cuatros años de prepotencia no tener donde rascar votos para una improbable investidura favorable. Rajoy está solo y, lo que es peor, tan sólo tiene su propia soledad, dentro y fuera de su partido. Ya me dirán ustedes si no se lo ganó a pulso después de una legislatura en la que actuó como Mariano el Absoluto. Como se ve en las películas americanas, Rajoy ya está recogiendo en cajas de cartón sus pertenencias en La Moncloa.

Yo entiendo que haya personas que piensan todo lo contrario y que Rajoy aún puede hacer de maletilla y ganarse una oportunidad; lo malo es que tiene que lidiar un miura astifino y no tiene oficio. Tengo una excelente amiga en Torremolinos que hace años tuvo la elegancia intelectual de hacerle un corte de manga al entonces alcalde dictador de mi pueblo, de nefasto recuerdo. Esta amiga, que fuera histórica militante del PP, me tiene dicho que soy muy duro en mis artículos con Rajoy y el PP. Escribí hace 15 días que Rajoy estaba kaput y los hechos lo reafirman. Lo siento, Marta. Yo comprendo que Rajoy esté orgulloso de la reforma laboral, de la ley de educación de Wert, de la ley llamada mordaza y que siga mirando a otro lado acosado por la corrupción (lo último, Acuamed) y haga profesión de fe de los recortes, pero que no espere encontrar apoyos con esta actitud. Quizás por eso Rajoy está mudo, está noqueado, con la mirada perdida y cara de embobado, sin hacer propuestas salvo el mantenella y no enmendalla, aunque algunos de sus más próximos afirman que Rajoy es así, que mide sus tiempos y en el día de la investidura se sacará algún conejo de la chistera. También es posible, Marta. Rajoy tiene demostrado que es un superviviente en los momentos más extremos, incluso teniendo a Aznar como acosador político y defensor de las esencias históricas del PP. Lo que no se sabe es qué pasará con el PP si es arrojado a las tinieblas de la oposición. Ya se dijo que el poder desgasta pero estar en la oposición y no tener poder es el desierto, la soledad, los navajazos y las zancadillas, aflorando guerras intestinas. Aznar asoma las orejas. A temblar.

En silencio y mudo está Rajoy porque para decir perogrulladas y sandeces me sacan a Loli de Cospedal y a Rita Barberá, capaces de comerse todos los marrones del mundo porque en ello le van el sueldo y a Rita el histórico Vuittón. Más lista, Soraya Sáenz de Santamaría, que ni está ni se le espera, de momento. Con más gracia y salero, tal cual maruja limón, sale a escena nuestra Celia Villalobos, genio y figura, de lengua fácil y reflejos de portera de balonmano. Celia Villalobos se gana, día a día, un lugar al sol, propensa como es a entrar en jardines floridos. Lo dijo Celia y punto. No tenemos suficientes votos para la investidura de Rajoy. Es lo que todo el mundo da por sentado. Y ahora depende del Rey y del propio Rajoy que tiene dicho, aunque no sé si lo dijo en momento de lucidez, que por respeto a sus votantes iría a la investidura si lo propone el Rey. Rajoy sabe que va al degolladero y será objeto de durísimos ataques. Presentarse como candidato que sabe saldrá derrotado es un trago que no se desea ni al peor enemigo.

Quien sí puede avanzar en su proyecto de conquistar La Moncloa es el socialista Pedro Sánchez, pese a algunas meteduras de pata. Los avances sociales propuestos y mandar al limbo las principales leyes aprobadas por decreto por el PP le están abriendo las puertas para unir fuerzas y votos en un proyecto social común. Podemos ha rebajado el listón y abandonadas las líneas rojas, una vez que se ha dado cuenta que una cosa es hablar y otra es dar trigo. Le queda el trago, nada agradable, que habrá de pasar el día 30 en el Comité Federal y donde algunos barones querrán saber sin medias tintas lo que Pedro Sánchez tiene ya amarrado con Pablo Iglesias, aunque no firmado. Veremos si la izquierda deja de ser gilipollas.

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