En corto

Máscaras

09.02.2016 | 05:00

Esto funciona más o menos así: por el fondo discurre un caudal de aguas cenagosas, donde hay un poco de todo, incluidas sustancias nocivas, aunque en dosis diversas. Más arriba está la conciencia, donde los materiales se clasifican, y el resultado es lo que uno cree que es. Encima está la persona, que es lo que uno representa ser ante los demás, y más arriba todavía, tratándose de gente pública, el personaje. Luego, arriba del todo, va el atuendo, que en principio es de quita y pon, según circunstancias. Desde luego esta es una simplificación bastante burda. Con frecuencia hay también un viaje de regreso y el atuendo influye en el personaje y la persona, llegando ésta incluso luego a engañar a la conciencia, y hacer de la apariencia una forma de ser. Este último caso –y no el disfraz de cortesía, como el de Iglesias en los Goya– sería el engaño a conciencia propiamente dicho.

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