Málaga de un vistazo

Hoy no se llora

19.02.2016 | 05:00

En mi infancia los niños de mi generación jugábamos en la calle a la comba, a tirarnos piedras, a quitar papeles de las aceras o a acompañar a señoras ancianas para que no tropezaran.

Les parecerá muy extraño que nuestras madres consintieran tal dislate, pero no lo era, porque, en aquel diminuto territorio español de Ifni –situado en África Occidental– circulaba sólo un vehículo particular: la camionetilla del Maestro Pedro.

Cuando el buen hombre la ponía en marcha nos enterábamos todos y el ruido era tan tremendo que nos avisaba del peligro como si fuera el pregonero municipal. Perseguir a aquel trasto chillón era deporte favorito de todos los niños. Afortunadamente para nosotros, no existía discriminación alguna entre razas ni colores, todos íbamos al mismo colegio y después al mismo instituto. No se nos pasaba por la cabeza que pudieran existir diferencias en otros lugares por ser rubio, tostado o negro.

Algunas veces, los niños de un barrio nos declarábamos la guerra contra los de otro, nos apedreábamos, si venía a cuento, pero nunca recuerdo una separación por colores de piel o por la jerarquía social de nuestros padres. La verdad es que nos apreciábamos mucho. A veces pienso que los niños, que aún carecen de egoísmo y avaricia, deberían gobernar el mundo. Por intentarlo€.

En estos momentos que escribo está empezando a llover. Las vecinas murmuran que «ya nos hacía mucha falta esta agüita que el Señor nos manda» y yo pienso que con todo lo que ocurre en nuestro desgraciado globo terráqueo pidamos milagros a quien tanta tarea tiene. Y luego, me dicen que soy una descreída. Bueno, hasta más ver.

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