Tribuna

El largo viaje de Vanessa

22.02.2016 | 05:00

Como bien es notorio, éste no es un año cualquiera. A nivel climatológico, me refiero. Es algo que no se le escapa a nadie y muchos habrán hecho comentarios al respecto en lo que llevamos de esta primavera tan prolongada que dura ya diez meses. La integral térmica, como suele llamarse técnicamente al acúmulo de energía procedente del calor solar, reduce sus plazos y con ello el adelanto de los procesos vivos que se producen periódicamente (Fenología). Así, los almendros florecieron a principios de enero, los murciélagos abandonaron su letargo invernal antes de lo normal y los pájaros empezaron a entonar su sinfonía de amor casi con un mes de adelanto a lo habitual.

También le ha ocurrido a la mariposa de los cardos o dama pintada, de nombre científico Vanessa cardui L. que ya se deja ver revoloteando entre las escasas flores que van quedando por nuestros parques, jardines o baldíos. Es esta una mariposita de mediano tamaño y vistosa coloración pardo anaranjada con motas blancas a la que hemos elegido como estandarte reinvidicativo del importante papel de los lepidópteros en la ecología global. Se trata de una de las mariposas migradoras que protagoniza la que pueda ser tal vez, la hazaña viajera más notable de un insecto de este tamaño y fragilidad. Teniendo como punto de origen la orilla norte del Sáhara marroquí, emprende normalmente su periplo hacia el norte a finales de febrero, cuando el sol empieza a mustiar allí las plantas que sirven como sustento a sus larvas. Es normal verlas aquí a principios de marzo, revoloteando entre las flores que ya han abierto y que le sirven como sustento en tanto se dedican a su actividad reproductora. En seis etapas como esta, recorrerán un total de casi cinco mil kilómetros que las harán llegar hasta antiguas tierras de vikingos, en la Península Escandinava, para iniciar su viaje de regreso a finales de verano.

Aprovechando días de viento favorable, pueden subir hasta altitudes de mas de mil metros, donde han sido detectadas, volando a velocidades que pueden parecer de vértigo para esas frágiles alas de papel, (15-25 km/h). En su camino, hacen escala en lugares favorables donde establecen sus puestas dando lugar a una generación de larvas que, después de veinte días se transforman en hermosas señoritas de alas escamadas que proseguirán el camino reemplazando así a los adultos que las precedieron y van quedando en el camino.

Los animales, por su capacidad de movimiento, tienen una notable utilidad en los ecosistemas como indicadores de calidad ambiental. A diferencia de las plantas, pueden desplazarse fácilmente y cambiar de ubicación de forma instantánea, con lo que, trashuman de un lugar a otro en búsqueda de condiciones favorables para su propio desarrollo y el establecimiento de la prole. Las mariposas, al igual que las aves, por su capacidad de vuelo, destacan así como bioindicadores. Sin embargo, a diferencia de aquellos tienen una biología mucho más complicada con estados intermedios y metamorfosis, precisados de requerimientos ecológicos muy distintos en cada uno de ellos.

Por regla general, son herbívoros en su fase larvaria mientras que en la de adulto o imago son en su gran mayoría libadores. Es el caso de esta bella señorita viajera de la que hablamos en estas líneas. Sus necesidades son más bien espartanas, las larvas se desarrollan sobre una amplia serie de plantas naturales que suelen prosperar en los baldíos y zonas marginales, con especial predilección por los cardos (Carduus sp.) y las malvas silvestres (Malva sp., Lavathera sp.), ejerciendo así una labor herbícida que a veces no sabemos valorar adecuadamente. Por decirlo así, muchas mariposas cambian el verde por color, que se desplazará posteriormente de flor en flor. Animan así y embellecen nuestros parques y jardines.

Pero últimamente, como otros muchos insectos, las mariposas son víctimas de los usos tecnológicos del momento. No solo la química de herbicidas o insecticidas las mata sin compasión. La eliminación de las plantas silvestres, a las que hemos descendido a la categoría de malas hierbas complica su fase reproductiva al provocar la carencia de sustento en esas etapas intermedias a las que hemos hecho referencia, provocando por tanto un descenso de población. Por otra parte, la dominancia de plantas exóticas en los jardines hace que muchas de sus flores sean impracticables para su alimentación, dado que sus tiempos vitales están adaptados a la floración de la vegetación autóctona y sus trompas succionadoras también han coevolucionado con aquellas, siendo más dificil acceder a los lugares donde guardan el apreciado néctar.

Por ello, desde la Sociedad Ibérica para el Estudio y Conservación de los Ecosistemas (SIECE) se ha puesto en marcha la idea de crear una red de microrreservas destinada a la conservación de las mariposas. Se trata de generar espacios pequeños donde evitar el uso de pesticidas ambientales y mantener o fomentar la vegetación espontánea. Así las mariposas podrán prosperar a poco que se observen unos simples aspectos de biología y ecología natural. La recompensa vendrá dada por un jardín lleno de mariposas y de pájaros.

La Universidad de Málaga, a través de su recién estrenado equipo de Gobierno ha sido la primera entidad oficial en sumarse a esta iniciativa, la urbanización Atalaya del Mar, Torremuelle, la primera a nivel privado.

Respetar la vida es una cuestión que tiene mucho de Metafísica (la participación del Ser manifestado en el SER absoluto) pero también de egoísmo inteligente. La Naturaleza no nos necesita a nosotros, pero nosotros si necesitamos a la Naturaleza. Esperemos que muchas voluntades se sumen a esta iniciativa.

*Sociedad Ibérica para el Estudio y Conservación de los Ecosistemas (SIECE)
info@siece.org

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