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Los sablazos de Hacienda

06.03.2016 | 05:00

Los impuestos sirven para redistribuir la riqueza de un país. Son la base fundamental de la igualdad entre ciudadanos y la clave del progreso de las sociedades. El presidente de Mercadona, Juan Roig, aseguraba en la presentación de resultados de su empresa que «los impuestos tienen que pagarlos los del Ibex 35 y todos los españoles. El que más tiene más debe pagar». Parece que la progresividad fiscal es algo asumido por la mayoría social. ¿Pero son justos los tributos en España?

Los nuevos gestores que han entrado a dirigir las administraciones tras los grandes cambios políticos que se han producido en España en los últimos años se han topado con unas arcas vacías, fruto de la crisis económica y de años de despilfarro en obras farónicas. Para incrementar sus ingresos más allá de los propios de la recuperación económica, se han centrado en poner en orden la fiscalidad y en exprimir al máximo el cobro de impuestos y tasas. Tanto, que en algunos casos se ha alcanzado un grado de absurdidad que ha convertido estos tributos en sablazos más que en elementos para la redistribución de los recursos.

Algunas autonomías, entre ellas Madrid, Valencia o Cataluña, se están empleando a fondo en la recuperación del cobro del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales a los arrendamientos. Sí, un impuesto sobre bienes a quienes los alquilan y nunca gozarán de su propiedad. Los expertos que avalan este tributo consideran el alquiler como una «adquisición onerosa». Unos 86,4 euros por firmar un alquiler de 600 mensuales.

Tras años sin prácticamente cobrarlo, la intención de administraciones como la de Madrid es liquidarlo ahora de manera retroactiva con la amenaza de intereses. El desdén de la administración se revuelve contra los ciudadanos.

Pese a que en Europa lo habitual es alquilar y muchas veces esa es una de las únicas posibilidades de los jóvenes que se emancipan, en España siempre se ha primado la compra de vivienda, con desgravaciones por su adquisición, la apertura de cuentas vivienda o las ayudas a VPO. Además de los impuestos sujetos al arrendamiento, se le deberá sumar ahora el Impuesto de Patrimonio.

Pero este sablazo no es el único tributo absurdo que se ha venido implantando en los últimos años. El conocido como impuesto al sol, que grava a las personas que se producen su propia electricidad, ha obligado a poner el grito en el cielo a los defensores del autoconsumo. Qué decir de la subida del IVA, justificada en algunos caso pero cuanto menos curiosa en la Cultura. Considerar las Artes Escénicas un bien de lujo no deja de tener su toque paradójico.

Los impuestos deben ser transparentes, previsibles y ponderados. En definitiva, justos. Y en la actualidad en España y las CC AA muchos no lo son.

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